Viernes, 13 de octubre de 2006
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Valencia
La tortura de comerentre el griterío
Numerosos restaurantes de todo el mundo, con España en un lugar destacado de la lista, admiten e incluso propician unos niveles de ruido incompatibles con una buena digestión
Numerosos restaurantes de todo el mundo, con España en un lugar destacado de la lista, admiten e incluso propician unos niveles de ruido incompatibles con una buena digestión
‘El grito’, de Edvard Munch, una de las principales obras de la pintura universal.
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La contaminación acústica no sólo impide el descanso a los que habitan en las viviendas cercanas, sino que perjudica la salud de todos los que se ven sometidos a la incidencia de un número excesivo de decibelios” ( Auto del Tribunal Supremo de mayo de 1989 ).

“El ruido puede llegar a representar un factor psicopatógeno destacado en el seno de nuestra sociedad y una fuente permanente de perturbación de la calidad de vida de los ciudadanos” (S entencia del Tribunal Constitucional de mayo de 2001 ). “El ruido es una de las manifestaciones de agresión al medio ambiente y a la salud de las personas” (S entencia del Tribunal Supremo de febrero de 2003, Sala Segunda ).

Son algunas de las sentencias de los tribunales de la democracia española contra del ruido ensordecedor que agrade gravemente la calidad de vida de las personas (y muy probablemente también de los animales). Sin embargo, son numerosos los restaurantes –en todo el mundo, aunque de manera destacada en España– que admiten e incluso propician unos niveles de ruido del todo incompatibles con una sana digestión.

Agresiones sonoras
Las maneras de alimentar la bestia de la agresión sonora son varias: con máquinas tragaperras (especialmente en las cafeterías-restaurantes), con música demasiado alta y a menudo muy histérica, o con permisividad ante los chillidos de algunos clientes y sus hijos e incluso de los propios profesionales del local. Según varios expertos, el ruido es más peligroso para la salud y acorta más la vida que el tabaco.

Ensayistas y filósofos se han ocupado del tema. “El ruido es el mayor enemigo de la inteligencia”, sentenció Félix de Azúa. “La verdad no se encuentra en el tumulto, sino en la búsqueda silenciosa”, asegura Umberto Eco. El más contundente y directo fue Schopenhauer: “La cantidad de ruido que puede soportarse sin que moleste es inversamente proporcional a la capacidad mental”.

Es evidente que la alta cocina no puede degustarse entre gente vociferante. Y la Copa America, a la vuelta de la esquina.

 
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