NO nos lo creímos, pero ya están aquí los efectos nocivos del
cambio climático. Y lo que nos espera, si no nos tomamos en serio el cómo
intentar ponerles remedio. Uno de ellos, pues el ahorro de energía, en el que
tiene mucho que ver el despilfarro que se comete en las casas. Desde el exceso
de refrigeración al exceso de calefacción. Y también, mira por dónde, la buena
construcción de las viviendas.
Buena construcción incumplida no sólo en las calificadas de
«baratas», sino también en casi todas las demás. Incumplimiento que afecta tanto
por lo que atañe a calorías y a frigorías -sobre todo éstas, en invierno- como a
sonidos y ruidos. La contaminación acústica no sólo es un hecho grave en la
calle, también en el hogar.
Pocos centímetros de ladrillo nos separan no ya de nuestras
habitaciones, sino también de las del vecino. Nos vemos obligados a vivir en
promiscuidad sonora. La vida íntima a menudo hay que compartirla, quieras que
no, con los del piso de al lado, con los del de arriba, con los del de abajo. Y
no digamos la «vida televisual». Sólo pisos de «alto standing» -otro ridículo
barbarismo- puede que estén insonorizados contra la contaminación acústica, y no
todos. Ahora parece que se va a poner orden en tal desorden. Parece. Las nuevas
viviendas tendrán que ofrecer resistencia a los ruidos externos e internos del
edificio, y también a las corrientes de aire que nos enfrían y requieren un buen
gasto de energía calórica. ¿Será verdad tanta maravilla?
Naturalmente, esta ley u ordenanza redundará en ahorro energético,
y también en comodidad, sosiego dentro de casa. Ahía es nada el no tener que
soportar «teles» vecinales y vecinales conversaciones, o discusiones, o peleas,
o amorosos deliquios pasionales, etcétera. Casi increíble. ¿Para cuándo la ley,
el decreto, la norma pro silencio? ¿Y para cuándo su rigurosa, pero que muy
rigurosa aplicación?
La verdad es que soy pesimista. Entre otros motivos porque esto
supondrá un inevitbale encarecimiento de las viviendas. ¿Qué dirán o qué ya
están diciendo los magnates, cuando no mangantes, de esa Operación Ladrillo que
nos aflige a todos más o menos, por cuento perjudic a todo el país? Tal vez no
dirán nada, en cuanto a protestar. Acatarán la ley, aumentarán los precios de
las viviendas, y nadie se lo podrá reprochar.
El material insonorizador debe ser caro, y exigirá más horas de
trabajo. !Lo que les faltaba a quienes suspirran bajo el yugo inevitable de las
hipotecas¡ Pero seguramente valadrá la pena soportar algo más de peso. A todo se
acostumbra uno, desde luego. Incluso a los estrépitos en casa. pero la salud
cuenta y, aunque no lo creamos, el ruido la meerma. A insonorizar, pues. A ver
si es verdad.