Salen al mercado la discografía remasterizada del grupo de Liverpool y el nuevo videojuego 'The Beatles: Rock Band'.
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LA PREGUNTA
¿Se deben liberalizar del todo los tratos comerciales con Cuba?
A
CAUSA DE UN CÁNCER DE PÁNCREAS
el
otoño llama a las puertas de catalunya
TENIS
LA
GRAN FIESTA DE LOS MEJORES VíDEOS MUSICALES
LA
ACTRIZ PROTAGONIZA LA NUEVA PELÍCULA DE BIGAS LUNA, QUE SE EMPEZARÁ A RODAR
ESTE MES
LA ENTREVISTA CON EL
OTORRINO
–¿Nos estamos quedando sordos?
–La población, de todas las edades,
está perdiendo capacidad auditiva, sin duda. Es un problema intrínseco a la
civilización occidental, que se ha agravado muchísimo con los aparatos de
audición por el sistema MP3. El tráfico de una gran ciudad, como Barcelona, ya
alcanza los 80 decibelios (db), cuando el límite fisiológico tolerable son 60
db. A partir de ese umbral, el nervio auditivo se lesiona. Sufre un trauma
acústico, una especie de envejecimiento.
–¿Qué ocurre con el sistema
MP3?
–El objetivo de los aparatos que reproducen música por MP3 es
conseguir que el sonido llegue al oído, y al cerebro, de forma directa y sin
interferencias. Que la recepción sea inmejorable. Sus auriculares se introducen
en la oreja y la música se escucha desde dentro del oído, lo que resulta mucho
más agresivo que cuando se oía a través de los mecanismos externos envueltos de
espuma.
–¿Qué volumen alcanzan?
–Hasta 150 db. Muy alto.
Muchísimo. Aunque algunos aparatos llevan autolimitadores de volumen –que se
activan a voluntad del usuario–, los jóvenes suelen escuchar su música a
intensidades altísimas, de más de 90 db. Muchos la oyen a 100 o 120 db, y a
todas horas: en casa o en la calle, lo que empeora las cosas, porque en
ambientes ruidosos necesitan aumentar más el volumen.
–Los aparatos
llevan autolimitadores de volumen, pero mantienen su potencia de
origen.
–Claro. La casa Apple recibió hace unos años denuncias médicas de
pacientes de Estados Unidos que habían perdido audición, e introdujo el
autolimitador. La UE emitió una normativa que aconseja a la industria no
fabricar aparatos de sonido MP3 con más de 100 db de potencia. Es la
teoría.
–¿Qué consecuencias tiene esto?
–Estamos visitando a
personas de 40 años con presbiacucia, el oído cansado, una pérdida de audición
fisiológica que normalmente se inicia pasados los 55 años. Y cada vez hay más
personas jóvenes con audífonos.
–¿Sus alertas tienen
repercusión?
–En absoluto. Los médicos tenemos muy poca capacidad de
influencia. Esta situación va a peor y, además, es imparable. Cada vez hay más
gente que escucha música por esos aparatos, y ahora se han extendido a las
personas de 50 y 60 años, que también los oyen a todas horas, aunque a menor
volumen.
–¿Cómo afecta el ruido al oído?
–Acelera el
envejecimiento y la muerte de las células que recogen el sonido ambiental. Esas
células, los cilios, son millones de cabellos diminutos que se alojan en la
cóclea, que es nuestro aparato de audición. El ruido las agrede y las estropea
con mucha facilidad. Las células que más se lesionan son las que recogen el
sonido agudo. De ahí que cada vez haya más personas que oyen, pero no entienden
lo que se les dice: es porque solo captan los sonidos
graves.
–¿Escuchar programas informativos por radio con los
auriculares dentro del oído es también arriesgado?
–No tanto. Los
factores que más lesionan el oído son la intensidad del volumen, el tiempo de
audición y la irregularidad del sonido. La radio hablada es bastante regular.
Hay una regla universal que dice que no hay que escuchar música más de 60
minutos seguidos a más del 60% de la capacidad del MP3. En especial, si es
música irregular, como el rock. La clásica lesiona mucho menos.
–¿Esas lesiones son irreversibles?
–Sí, excepto si se han
producido de forma puntual, durante un concierto en directo de música rock, por
ejemplo. Hace poco, asistí a las dos actuaciones de U2 en Barcelona –acudí como
otorrino, porque el cantante Bono sufrió un problema respiratorio– y al acabar
propuse hacer audiometrías (nivel de capacidad auditiva) a 10 personas del
público.
–¿Y qué detectó?
–A la salida del concierto, todos
habían perdido entre un 9% y un 15% de capacidad auditiva. A las 24 horas, su
audición se había normalizado. Eso es lo que ocurre habitualmente en quienes
acuden a conciertos que, como el de U2, alcanzan los 150 db de sonido. Son
lesiones reversibles, excepto para quienes inician ahí un acúfeno, un pitido
interno y continuo. Ese no se va nunca más.
–¿Los jóvenes sufren
acúfenos?
–Cada vez más, y la mayoría surgieron al escuchar música a
volumen excesivo. En los adultos son de causa desconocida. El acúfeno es la
enfermedad auditiva más molesta que existe. Si intentas imaginártelo, lo
entiendes perfectamente: significa tener día y noche, aquí metido en la cabeza,
un ruido agudo o grave –booooo, o piiiii– que va contigo día y
noche. Siempre. Causa depresiones.
–¿Cuál es la población del mundo
que oye mejor?
–Los nativos de la selva, los agricultores que trabajan
solos y los monjes que viven en silencio. El silencio es el mejor amigo del
oído. Cualquier nativo zulú, o del Amazonas, de 75 años, tiene mejor capacidad
auditiva que un occidental de 40.
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