cádiz. La
ciudad vive hoy el Día Internacional de la
Concienciación Contra el Ruido bastante ajena a lo
que significa esta jornada. Tan sólo la
Universidad ha organizado eventos en torno a este
lema, aunque para muchas personas el ruido es un
constante foco de problemas que incide en sus
vidas desde el punto de vista social, económico y
de la salud.
El Ayuntamiento dice que Cádiz no es una ciudad
demasiado ruidosa y es cierto que en los últimos
años los niveles acústicos han descendido gracias,
entre otras cosas, al soterramiento de la vía
férrea, así como al mayor control de los locales
de ocio, ya que para conseguir las licencias de
apertura se exigen ya importantes medidas de
insonorización.
Ahora la mayoría de los conflictos en materia
de ruidos proceden de las concentraciones
callejeras en las zonas de movida, que se dan en
las inmediaciones de las plazas de Mina y San
Francisco en invierno y en Muñoz Arenillas en
verano. Ya los vecinos de esta zona de extramuros
han comenzado a notar la mayor afluencia de
personas de jueves a domingo y se quejan de la
falta de interés municipal para solucionar este
problema.
El presidente de los vecinos de Muñoz
Arenillas, Juan Luis Bernal, considera que el
Ayuntamiento debería tener más en cuenta la
opinión de los vecinos a la hora de plantear
acciones conjuntas contra este problema, ya que
como recuerda hay personas que se han visto
seriamente afectadas por estas molestias hasta el
punto de tener que vender sus viviendas para
trasladarse a otro lugar. "Hay quien no aguanta lo
que supone el no poder dormir de jueves a domingo
y esto se traduce en gastos para poner dobles
cristales, aparatos de aire acondicionado para
tener cerradas las ventanas e incluso su salud se
ha resentido", comenta el responsable vecinal.
También el presidente de Cádiz Centro, Carlos
Jesús Rivero, coincide en que en el casco
histórico (que tiene su principal problema de
ruido en invierno) las molestias no vienen de la
música de los bares, sino de la concentración de
personas que generan, y considera que la
declaración de zonas acústicamente saturadas "no
sirve de nada porque se actúa cuando ya una calle
está llena de establecimientos". Para Rivero "el
principal problema del ruido deriva de la falta de
civismo de muchas personas. Ya sea por la movida,
por el paso de motos o por el camión de la basura
o el del butano, el verdadero problema es que
nadie piensa que lo que está haciendo puede
molestar al vecino", asegura.
Desde el Ayuntamiento confirman que las fuentes
del ruido han cambiado. Ahora el grueso de las
quejas que recibe la Policía Local se debe a
causas tan aparentemente nimias como el volumen de
un televisor, la música alta, el arrastre de
muebles o los ladridos de perros. Estas son las
quejas que más cuesta controlar, porque otras como
el ruido de los aparatos de aire acondicionado son
más fáciles de atajar tras una denuncia. En cuanto
a los vehículos, periódicamente se realizan
controles para medir la emisión de decibelios,
aunque el tráfico se ha convertido en gran medida
en lo que se llama un ruido asumido, como puede
ser el de las sirenas de los barcos.