POR JANOT GUIL
BARCELONA. Al margen de pollo al horno, ensalada y otras
sugerencias, el menú del día de ayer en el bar-restaurante «El racó de l´Andrea»
(El rincón de Andrea), en el 394 de la calle Sicilia de Barcelona, era una
polémica aliñada con mucha vehemencia que tenía como actores a propietarios y
clientes, pero, como protagonista principal, al anterior dueño del
establecimiento: Dionisio Mestre Rodríguez. Su fama es de estruendo. Y es que el
Tribunal Supremo ha confirmado la pena de cuatro años de prisión que en febrero
de 2006 la Audiencia de Barcelona le impuso a este empresario por los perjuicios
que causó a algunos vecinos, durante dos años, el ruido que provenía de su
establecimiento.
Voces de clientes, ruido de persianas, un montacargas intempestivo,
sillas chirriantes que se oyen en tu casa y hasta el sonido de fiestas que
atraviesan paredes y tabiques y te condenan al insomnio. La pesadilla tuvo lugar
entre 2003 y 2005, cuando el bar-restaurante, situado en los bajos de un
edificio, se llamaba «El portet».
Hay precedentes en España de penas de prisión por este delito, pero
no tan altas. Para algunos, cuatro años de cárcel es demasiado; para otros,
estamos ante una sentencia ejemplar que reconoce el daño que supone no poder
dormir, descansar, vivir bien, por culpa de un local bullicioso situado al lado
o bajo tu casa.
Lesiones
De hecho, el fallo del Supremo va más allá del de la Audiencia
Provincial y en él se refleja la sorpresa por que no se haya contemplado en esta
causa un delito de lesiones -que hubiera aumentado la pena-, además de uno
contra el medio ambiente. Porque dos de los cuatro vecinos denunciantes
sufrieron ansiedad y depresiones tras dos años de ruidos.
Al margen de disquisiciones jurídicas, ahora, a menos que recurra
al Tribunal Constitucional y éste le revoque el castigo, Dionisio Mestre
consumirá su futuro inmediato en el silencio de una celda, además de afrontar el
pago de una multa de 8.640 euros e indemnizar a los vecinos con otros
16.000.
Además del ruido de su local, le perjudicó su «mutis por el foro» a
la hora de tomar medidas. La resolución de la Audiencia ya recogía que su
restaurante empezó en 2003 su actividad sin la licencia municipal de apertura,
que no se concedió por no adoptar las medidas para insonorizarlo. Asimismo, a
pesar de las varias inspecciones que sufrió y los requerimientos del
Ayuntamiento -cuya falta de diligencia ha sido criticada por los vecinos-, no
hizo nada. Incluso le precintaron su negocio, pero rompió el precinto y siguió
en activo.
«Me parece perfecta la sentencia. Este señor hacía daño queriendo,
porque no hizo ninguna corrección», decía ayer a ABC Esther Melcón, responsable
de la Asociación Catalana Contra la Contaminación Acústica. El alcalde de
Barcelona, Jordi Hereu, tampoco ocultaba su gozo -«es un gran mensaje para
todos»-; ni el abogado de los vecinos demandantes, Lluís Gallardo.
Una agresión Este letrado no cree desproporcionada la sentencia, y
lo argumenta . «Si alguien entra en tu casa y te clava dos puñaladas, querrás
que vaya a la cárcel, ¿no?; pues el fundamento jurídico que subyace en este caso
es el mismo: alguien que invade tu intimidad y te agrede», sentencia.
Ante el revuelo mediático, los vecinos demandantes, en cambio,
preferían ayer guardar silencio «por no hacer leña del árbol caído», según su
letrado. No contestaban al teléfono ni al portero automático. Mudos en plena
algarabía. También fue en vano el intento de hablar con el condenado o sus
abogados. En casa de Dionisio, ayer sólo hablaba su teléfono, un «tuut, tuut...»
molesto (no punible, por supuesto).
Otra actitud era la de Horacio García, quien desde el pasado
febrero es el dueño del restaurante que otrora fue de la discordia. Tras dejar
claro que ya se ha gastado mucho dinero para solucionar las deficiencias del
local en cuanto a ruido y asegurar que no ha tenido quejas, Horacio mostraba su
indignación con el fallo, que juzga «injusto». «Que le pongan una multa grande,
pero no la cárcel», exclamaba.
«Uno va a la cárcel por esto y, mientras tanto, el De Juana Chaos
se pasea por la calle...», espetó. Él, por si acaso, ya se reunió con los
vecinos demandantes y su abogado, les anunció que subsanaría los problemas de
ruido y les rogó, eso sí, «que antes de denunciar alguna cosa sobre mi bar, me
lo digan primero a mí y me den la oportunidad de arreglarlo».