MARTA BELVER
Se acabó oír el taconeo nervioso de la vecina de arriba cada
mañana. El Consejo de Ministros aprobará previsiblemente hoy el
Documento Básico de Protección Frente al Ruido, una batería de
normas que elevan la exigencia de aislamiento acústico de las
viviendas e introducen el sistema de control 'in situ'.
El texto, que se publicará en forma de Real Decreto en el Boletín
Oficial del Estado (BOE), es la última puntada que le faltaba al
'tapiz' del Código Técnico de la Edificación (CTE) o, lo que es lo
mismo, la 'carta magna' de la construcción para los próximos años.
Una vez que entre en vigor, el inquilino que hace fiestas será un
poquito menos molesto, pero, sobre todo, se amortiguarán
definitivamente los sonidos indeseados «dentro de una utilización
normal del edificio», según señalan los expertos.
Durante un año, la nueva norma coexistirá con la que actualmente
es de obligado cumplimiento, que data de 1988. «Aparte de que se
incrementan los niveles de exigencia, ahora se deberá medir la
idoneidad de los materiales en la obra terminada, en lugar de
validar los que han sido testados en el laboratorio en condiciones
ideales, lo cual es casi más importante», apunta Juan Frías,
secretario general de la Asociación Española contra la Contaminación
por el Ruido (Aecor).
Pisadas y voces
Para entender los cambios que introduce el documento elaborado
por el Ministerio de Vivienda hay que empezar por distinguir dos
tipos de ruido: el de impactos y el aéreo. El primero de ellos, que
se refiere, por ejemplo, al sonido que producen las pisadas en el
piso superior, desciende desde una cota de tolerancia de 80
decibelios hasta un límite máximo de 65 decibelios.
«En la práctica supone que se tendrán que instalar suelos
flotantes en todas las casas», explica Frías. Esto es: será
necesario colocar una lámina aislante de polietileno o de lana
mineral. «Si no, no se podrá conseguir ese grado de aislamiento
requerido», subraya el secretario general de Aecor.
Para mejorar la protección frente al ruido aéreo (voces, sonido
de televisores...), el texto redactado por el equipo que capitanea
Carme Chacón plantea elevar la horquilla de exigencia hasta los 50
decibelios, en contraste con los 45 tolerados hasta la fecha.
Traducido a requerimientos, la nueva norma implica que resultarán
necesarias paredes dobles, ya sean de tabiquería seca (o pladur),
tabiquería húmeda (ladrillos) o, lo más recomendable para los
expertos, mixtas.
Esta guerra sin cuartel a los sonidos molestos 'a domicilio'
incrementará el coste final de los pisos entre seis y 10 euros por
cada metro cuadrado a cambio de una mejora notable en la calidad de
vida.
A todo ello hay que sumar las mediciones de verificación de los
materiales una vez estén instalados en las casas de nueva factura,
aunque en este capítulo serán las comunidades autónomas las que
tengan la última palabra, puesto que las competencias de calidad en
la construcción están transferidas. Según ha podido saber SU
VIVIENDA, hay algunas regiones que ya se están planteando seriamente
exigir estas comprobaciones a pie de obra, como Castilla y León, e
incluso algunos ayuntamientos a título particular, léase el de
Valencia.
Muelles amortizadores
Además, el Documento Básico de Protección Frente al Ruido
introducirá una guía de diseño y ubicación de las instalaciones
comunes de los edificios, como cuartos de calderas y puertas de
garajes, para silenciar los ruidos en la medida de lo posible. «Por
ejemplo, recomienda colocar los ascensores sobre muelles
amortizadores, forrar las bajantes de materiales absorbentes,
etcétera», especifica Frías.
Además, el Ministerio de Vivienda y el de Medio Ambiente trabajan
codo con codo para mejorar la 'impermeabilización' de la cara
exterior de los inmuebles. Según argumenta el secretario técnico de
Aecor, «cuanto mayor ruido haya en el exterior más aislamiento tiene
que haber en la fachada y viceversa».
Por último, el texto introduce exigencias de acondicionamiento
acústico en zonas comunes. El tiempo de reverberación (algo así como
el eco) no podrá superar los seis segundos en salas de conferencias
y aulas, ni nueve en restaurantes.
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