REDACCIÓN / PONTEVEDRA El ruido es -según la Organización Mundial de la Salud-, una
de las causas de degradación de la calidad de vida. Provoca efectos nocivos
sobre el organismo, el comportamiento y la actividad humana, además de
alteraciones psicológicas y sociales sobre quienes lo padecen. Lo saben bien los
vecinos que residen en zonas como el centro histórico, Santa Clara, o el
Campillo de Santa María, donde se ha instalado la "movida" pontevedresa. Las
asociaciones de vecinos de estos barrios han propuesto una solución ya adoptada
en otras ciudades y que ahora estudia el gobierno local: trasladar la "movida" a
zonas no residenciales, como cualquier actividad económica molesta. Pero
esta solución ha evidenciado ya, en ciudades donde lleva años implantada, sus
aspectos negativos. La creación de zonas especiales para esta actividad, en
algunos lugares conocidas como "botellódromos" ha encontrado detractores en
quienes los ven como un gueto inseguro. Grandes urbes como Madrid o
Barcelona han comprobado las consecuencias. Son numerosas las noticias que dan
cuenta de sucesos surgidos entorno a una "movida" concentrada en el puerto
olímpico de la ciudad condal. Sin embargo, en municipios más cercanos como
Vilagarcía, la medida ha funcionado. Allí, los locales de copas concentrados en
unas galerías comerciales, que en los años ochenta suponían el tormento de
quienes vivían encima, se han trasladado a la zona portuaria, donde cafeterías,
pubs y restaurantes se llenan por la noche de un público distinto al que por el
día ha abarrotado el mismo recinto, pero para acudir al club náutico, el cine,
el auditorio, o los parques infantiles. Es la misma idea que en Pontevedra
propuso en su día la Asociación de Hosteleros, con la vista puesta en el muelle
de As Corbaceiras. En este caso la iniciativa se ha topado con la misma
oposición vecinal, ya que este pequeño puerto está demasiado cerca de las
viviendas. En las grandes ciudades europeas, como Berlín o Londres, los
viejos polígonos industriales y zonas portuarias decadentes, con grandes
fábricas y naves industriales abandonadas, se han reutilizado para crear
discotecas, cervecerías, o restaurantes. Pontevedra está elaborando un nuevo
plan de ordenación municipal. Los afectados por la "movida" quieren ver en él un
lugar destinado a la diversión nocturna de los jóvenes, que en sí también es un
derecho. Demandan además el cumplimiento estricto de la ley. La condena a
cuatro años de prisión al propietario de una cafetería de Barcelona, por los
ruidos que producía el local y los perjuicios causados a sus vecinos; o la
sanción al ayuntamiento de Valencia, castigado por el Tribunal de Estrasburgo a
indemnizar con más de 8.300 euros a una ciudadana, por no garantizar su derecho
a la intimidad y a la vida familiar, son penas ejemplarizantes que los afectados
por la "movida" quieren que se apliquen en la ciudad.
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