N.R.C.
MADRID. La vida
moderna nos mata. La falta de ejercicio físico y la comida rápida,
rica en grasas poco saludables, son enemigos conocidos del corazón.
Esta semana se han dado a conocer dos nuevos estudios que advierten
que la exposición al ruido ambiental y el estrés psicológico también
ponen en riesgo la salud cardiovascular.
Más de 4.000
personas han participado en una nueva investigación que ha
demostrado la relación entre niveles de ruido elevados y el infarto
de miocardio. Los datos se recogieron en Berlín entre 1998 y 2001;
2.000 participantes habían sufrido un infarto y otros 2.000
pacientes actuaron como grupo control en el estudio. Los resultados
mostraron que la exposición continuada estaba relacionada con un
riesgo moderado de sufrir un ataque. «El riesgo se incrementa con
los niveles de sonido más que con la irritación o la molestia
personal ocasionada», escribe el epidemiólogo Steffan Willich, autor
principal del trabajo. La investigación se ha publicado en la
revista de la Asociación Europea del Corazón.
En opinión de
Willich, el ruido debería considerarse un nuevo factor de riesgo
cardiovascular. Aunque estos investigadores planean nuevos estudios
que afiancen los resultados encontrados y les permita evaluar el
nivel de decibelios a partir del cual aumenta el peligro. De
momento, advierten a las personas con enfermedades cardiacas que
protejan sus oídos con niveles cercanos a los 85 decibelios, un
ruido similar al que soportan algunos trabajadores de la
construcción.
Respuesta personal al estrés
La
presencia del colesterol no depende sólo de la dieta, del
sedentarismo o de una predisposición genética. El estrés también
puede ser responsable en algunos casos, según el Colegio
Universitario de Londres. Parece que la reacción personal al estrés
se puede traducir en un mayor nivel de lípidos. Se comprobó que
quienes reaccionan peor a situaciones emocionales aumentan su
colesterol total.