Una de las imágenes más poderosas
para entender la importancia del sueño es la de un soldado dormido
en medio de una batalla, a pesar de que su vida está en peligro. Se
puede ver en los conflictos bélicos. Otro caso ilustrativo es el de
las personas que se quedan dormidas al volante, aun cuando saben que
su atención es fundamental para no sufrir un accidente que podría
ser fatal.
El sueño es una necesidad esencial, e incluso
antes de que el método científico se utilizara para conocer los
efectos de la privación de sueño, se consideraba que su falta era
perjudicial para el carácter y la salud. Sin embargo, inventos como
la luz eléctrica han alterado irreversiblemente nuestros patrones de
sueño y nuestro reloj biológico, que ya no está regulado por el
ciclo luz-oscuridad del día y la noche. Nuestro reloj biológico se
llama circadiano porque tiene una duración cercana a la del día, 24
horas, pero no es exacto. Para ponerse en hora, nuestro cuerpo
requiere de elemento llamados sincronizadores, el más importante de
los cuáles es el ciclo día-noche, siendo otros mecánicos como los
relojes o sociales como la hora de comer o de entrar al trabajo o a
la escuela.
Diversos experimentos realizados en personas a
las que se aísla de los sincronizadores -por ejemplo en cavernas
donde no tienen ningún indicio de qué hora es en la superficie- han
demostrado que más tarde o más temprano se presenta una
desincronización en la cual el cuerpo abandona el ciclo de 24 horas
y asume otros, que pueden ser desde 12 hasta 72 horas, aunque en
general el ciclo entre dos periodos de sueño tiende a hacerse mayor
a las 24 horas originales.
Así, en general podría decirse que
los seres humanos del mundo moderno tenemos ciclos de sueño
artificiales, en los que dormimos menos de lo necesario aunque no
padezcamos insomnio, y de los que para despertarnos necesitamos de
máquinas que hagan ruido -en ocasiones estridente e insistente-.
Además, hay millones de personas que tienen problemas de falta de
sueño. Un descanso insuficiente que puede tener dos formas: la más
conocida es la de no poder conciliar el sueño o no poder dormir, es
decir, el insomnio; pero también existe el sueño de mala calidad, un
sueño en el que no hay suficientes períodos de ensoñación (conocidos
como fase REM, siglas en inglés para rapid eye movement o movimiento
rápido de los ojos) o en el que falten o estén alteradas algunas de
sus etapas o el ciclo en el que se suceden a lo largo de una
noche.
Fases
El sueño normal tiene
al menos cinco etapas: la de somnolencia (1), la de sueño ligero
(2), las dos de sueño profundo en las que el cerebro muestra ondas
lentas (3 y 4) y la etapa de sueño REM (5). Un ciclo de sueño está
formado siguiendo el patrón de etapas 1, 2, 3, 4, 3, 2, 5. Las
etapas no REM (1, 2, 3, 4) pueden durar entre 90 y 120 minutos,
mientras que la quinta etapa dura cada vez más conforme se repiten
los ciclos, empezando por un intervalo de unos 10 minutos y que va
creciendo hasta llegar a una hora en el último ciclo. Habitualmente,
en una noche se recorre este ciclo en cinco
ocasiones.
«Además, cuando hablamos de trastornos del sueño
se nos olvida que pueden ser también al contrario. Existe el
insomnio pero también la hipersomnia, que consiste en dormir
demasiado. Ambos son un síntoma de que algo no va bien. Puede ser
por un problema puntual o por una dolencia crónica, también pueden
ser síntomas de trastornos depresivos o bipolares», apunta Fernando
López Arjona, psicólogo del Gabinete Risotto de Cádiz.
Efectos
preocupantes
Los efectos de un sueño insuficiente en
calidad o en cantidad podrían ser preocupantes. Los estudiosos
hablan de efectos graves en el juicio, que pueden afectar al proceso
de toma de decisiones -y una tendencia a asumir riesgos
injustificados-; un rendimiento inadecuado en la escuela, el trabajo
y los deportes; una mala coordinación evidenciada por el aumento del
tiempo de reacción y la disminución de las capacidades psicomotoras;
problemas de memoria y capacidad de aprendizaje; incluso ansiedad,
depresión u otros problemas emocionales.
«Los síntomas de
que estamos ante un problema tienen que ver con sentir nerviosismo y
ansiedad a la hora de conciliar el sueño. También en que el poco o
mucho sueño que se consigue no resulta reparador o que durante el
día nuestro nivel de excitabilidad es demasiado alto, estamos
irritables y molestos», señala.
Un panorama verdaderamente
preocupante que, con frecuencia, atribuimos a otras causas sin
darnos cuenta de que todo puede tener su origen en esas dos horas de
sueño que le hemos robado a las últimas noches.
Afortunadamente, cada vez se conoce mejor lo que sucede
durante la noche. Hace unos años, un grupo de investigadores de
Australia y Nueva Zelanda realizaron una serie de estudios según los
cuáles las personas que conducían después de estar despiertos
durante entre 17 y 19 horas mostraban un peor desempeño al volante
que las personas que tenían un nivel de alcohol de 0,05 gramos por
litro de sangre, que es el límite legal para conducir en la mayoría
de los países europeos. Según ese estudio, entre el 16 y el 60% de
los accidentes analizados implicaban la privación de sueño en alguno
de los conductores.
Hace pocas semanas se publicó el trabajo
de un grupo de investigadores noruegos que confirma que el insomnio
crónico puede llevar a la ansiedad y la depresión. Hace unos meses,
un equipo de la Universidad Estatal de Florida advirtió que los
problemas de sueño están relacionados con un mayor riesgo de
suicidio entre personas mayores, como resultado de un estudio con
más de 14.000 individuos a lo largo de 10 años. En este caso, sin
establecer una relación causal -sin sugerir que los problemas de
sueño sean el motivo de la mayor tasa de suicidios-, han recomendado
que los médicos tomen la falta de sueño de sus pacientes mayores
como una advertencia a tener en cuenta.
En junio, otro
estudio de laboratorio en la Universidad de Pensilvania indicaba que
la falta de sueño crónica aumenta el riesgo de enfermedades
cardiovasculares. «Normalmente uno puede tener insomnio por
problemas específicos, por cuestiones que nos preocupen, eso no
tiene porqué ser grave. La cuestión es que si, una vez que el
problema se supera, la falta de sueño sigue igual es cuando hay que
consultar con un especialista", aclara el experto para quien es
preciso distinguir entre el insomnio que es una patología y el que
es una conducta adaptada que no menoscaba la vida del
paciente.
«Existen personas que, por su trabajo o forma de
vida, se adaptan de manera natural a dormir muy pocas horas. En
estos casos y siempre que la falta de sueño no se traduzca en
problemas añadidos no estamos hablando de una patología, el insomnio
sólo lo es cuando interfiere en nuestra vida normal, cuando nos
causa nerviosismo o trastornos», apunta el psicólogo en referencia a
las personas que debido a su adaptación a trabajos nocturnos se
acostumbran a dormir poco.
Quienes padecen formas patológicas
del insomnio deben acudir a un médico. «El paciente que detecte este
tipo de problemas debe acudir a un especialista porque es probable
que el insomnio esconda otra serie de trastornos de los que la
persona no es consciente», aclara.
«Tomar ciertos fármacos a
veces resulta necesario pero sólo cuando un médico está supervisando
y es capaz de controlarlo. Estos productos tienen un nivel de
adicción y de tolerancia muy altos y es probable que, aunque en los
primeros días parezca que el problema desaparece, éste vuelva en
cuanto se suspendan las tomas», advierte.
Algunas pautas a la
hora de conciliar el sueño son las de establecer rituales que nos
ayuden al irnos a la cama. «Conviene acostarse siempre a la misma
hora, ayudado de hábitos relajantes», añade.