Domingo, 26 de agosto de 2007
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Dormir o enfermar
La falta de sueño provoca daños a la salud más profundos y duraderos de lo que se pensaba: el insomnio crónico puede llevar incluso a la ansiedad y a la depresión
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Una de las imágenes más poderosas para entender la importancia del sueño es la de un soldado dormido en medio de una batalla, a pesar de que su vida está en peligro. Se puede ver en los conflictos bélicos. Otro caso ilustrativo es el de las personas que se quedan dormidas al volante, aun cuando saben que su atención es fundamental para no sufrir un accidente que podría ser fatal.

El sueño es una necesidad esencial, e incluso antes de que el método científico se utilizara para conocer los efectos de la privación de sueño, se consideraba que su falta era perjudicial para el carácter y la salud. Sin embargo, inventos como la luz eléctrica han alterado irreversiblemente nuestros patrones de sueño y nuestro reloj biológico, que ya no está regulado por el ciclo luz-oscuridad del día y la noche. Nuestro reloj biológico se llama circadiano porque tiene una duración cercana a la del día, 24 horas, pero no es exacto. Para ponerse en hora, nuestro cuerpo requiere de elemento llamados sincronizadores, el más importante de los cuáles es el ciclo día-noche, siendo otros mecánicos como los relojes o sociales como la hora de comer o de entrar al trabajo o a la escuela.

Diversos experimentos realizados en personas a las que se aísla de los sincronizadores -por ejemplo en cavernas donde no tienen ningún indicio de qué hora es en la superficie- han demostrado que más tarde o más temprano se presenta una desincronización en la cual el cuerpo abandona el ciclo de 24 horas y asume otros, que pueden ser desde 12 hasta 72 horas, aunque en general el ciclo entre dos periodos de sueño tiende a hacerse mayor a las 24 horas originales.

Así, en general podría decirse que los seres humanos del mundo moderno tenemos ciclos de sueño artificiales, en los que dormimos menos de lo necesario aunque no padezcamos insomnio, y de los que para despertarnos necesitamos de máquinas que hagan ruido -en ocasiones estridente e insistente-. Además, hay millones de personas que tienen problemas de falta de sueño. Un descanso insuficiente que puede tener dos formas: la más conocida es la de no poder conciliar el sueño o no poder dormir, es decir, el insomnio; pero también existe el sueño de mala calidad, un sueño en el que no hay suficientes períodos de ensoñación (conocidos como fase REM, siglas en inglés para rapid eye movement o movimiento rápido de los ojos) o en el que falten o estén alteradas algunas de sus etapas o el ciclo en el que se suceden a lo largo de una noche.

Fases

El sueño normal tiene al menos cinco etapas: la de somnolencia (1), la de sueño ligero (2), las dos de sueño profundo en las que el cerebro muestra ondas lentas (3 y 4) y la etapa de sueño REM (5). Un ciclo de sueño está formado siguiendo el patrón de etapas 1, 2, 3, 4, 3, 2, 5. Las etapas no REM (1, 2, 3, 4) pueden durar entre 90 y 120 minutos, mientras que la quinta etapa dura cada vez más conforme se repiten los ciclos, empezando por un intervalo de unos 10 minutos y que va creciendo hasta llegar a una hora en el último ciclo. Habitualmente, en una noche se recorre este ciclo en cinco ocasiones.

«Además, cuando hablamos de trastornos del sueño se nos olvida que pueden ser también al contrario. Existe el insomnio pero también la hipersomnia, que consiste en dormir demasiado. Ambos son un síntoma de que algo no va bien. Puede ser por un problema puntual o por una dolencia crónica, también pueden ser síntomas de trastornos depresivos o bipolares», apunta Fernando López Arjona, psicólogo del Gabinete Risotto de Cádiz.

Efectos preocupantes

Los efectos de un sueño insuficiente en calidad o en cantidad podrían ser preocupantes. Los estudiosos hablan de efectos graves en el juicio, que pueden afectar al proceso de toma de decisiones -y una tendencia a asumir riesgos injustificados-; un rendimiento inadecuado en la escuela, el trabajo y los deportes; una mala coordinación evidenciada por el aumento del tiempo de reacción y la disminución de las capacidades psicomotoras; problemas de memoria y capacidad de aprendizaje; incluso ansiedad, depresión u otros problemas emocionales.

«Los síntomas de que estamos ante un problema tienen que ver con sentir nerviosismo y ansiedad a la hora de conciliar el sueño. También en que el poco o mucho sueño que se consigue no resulta reparador o que durante el día nuestro nivel de excitabilidad es demasiado alto, estamos irritables y molestos», señala.

Un panorama verdaderamente preocupante que, con frecuencia, atribuimos a otras causas sin darnos cuenta de que todo puede tener su origen en esas dos horas de sueño que le hemos robado a las últimas noches.

Afortunadamente, cada vez se conoce mejor lo que sucede durante la noche. Hace unos años, un grupo de investigadores de Australia y Nueva Zelanda realizaron una serie de estudios según los cuáles las personas que conducían después de estar despiertos durante entre 17 y 19 horas mostraban un peor desempeño al volante que las personas que tenían un nivel de alcohol de 0,05 gramos por litro de sangre, que es el límite legal para conducir en la mayoría de los países europeos. Según ese estudio, entre el 16 y el 60% de los accidentes analizados implicaban la privación de sueño en alguno de los conductores.

Hace pocas semanas se publicó el trabajo de un grupo de investigadores noruegos que confirma que el insomnio crónico puede llevar a la ansiedad y la depresión. Hace unos meses, un equipo de la Universidad Estatal de Florida advirtió que los problemas de sueño están relacionados con un mayor riesgo de suicidio entre personas mayores, como resultado de un estudio con más de 14.000 individuos a lo largo de 10 años. En este caso, sin establecer una relación causal -sin sugerir que los problemas de sueño sean el motivo de la mayor tasa de suicidios-, han recomendado que los médicos tomen la falta de sueño de sus pacientes mayores como una advertencia a tener en cuenta.

En junio, otro estudio de laboratorio en la Universidad de Pensilvania indicaba que la falta de sueño crónica aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares. «Normalmente uno puede tener insomnio por problemas específicos, por cuestiones que nos preocupen, eso no tiene porqué ser grave. La cuestión es que si, una vez que el problema se supera, la falta de sueño sigue igual es cuando hay que consultar con un especialista", aclara el experto para quien es preciso distinguir entre el insomnio que es una patología y el que es una conducta adaptada que no menoscaba la vida del paciente.

«Existen personas que, por su trabajo o forma de vida, se adaptan de manera natural a dormir muy pocas horas. En estos casos y siempre que la falta de sueño no se traduzca en problemas añadidos no estamos hablando de una patología, el insomnio sólo lo es cuando interfiere en nuestra vida normal, cuando nos causa nerviosismo o trastornos», apunta el psicólogo en referencia a las personas que debido a su adaptación a trabajos nocturnos se acostumbran a dormir poco.

Quienes padecen formas patológicas del insomnio deben acudir a un médico. «El paciente que detecte este tipo de problemas debe acudir a un especialista porque es probable que el insomnio esconda otra serie de trastornos de los que la persona no es consciente», aclara.

«Tomar ciertos fármacos a veces resulta necesario pero sólo cuando un médico está supervisando y es capaz de controlarlo. Estos productos tienen un nivel de adicción y de tolerancia muy altos y es probable que, aunque en los primeros días parezca que el problema desaparece, éste vuelva en cuanto se suspendan las tomas», advierte.

Algunas pautas a la hora de conciliar el sueño son las de establecer rituales que nos ayuden al irnos a la cama. «Conviene acostarse siempre a la misma hora, ayudado de hábitos relajantes», añade.

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