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REFORMA URBANÍSTICA EN SANT JUST
La escuela del ruido
Generalitat y Ayuntamiento de Sant Just planean un centro de primaria junto a la B-23
Sant Just planea el proyecto para dinamizar el centro urbano

Maestros y padres de alumnos se quejan de que el entorno no es seguro y sufre una elevada contaminación acústica  
El Ayuntamiento desea reurbanizar el centro y sustituir la escuela por un equipamiento que todavía está por definir  

XAVIER MAS DE XAXÀS - 23/01/2006
BARCELONA

La Generalitat y el Ayuntamiento de Sant Just Desvern tienen previsto instalar un centro de enseñanza primaria junto a la B-23, en un edificio sin ventanas a levante, donde a la falta de sol se une la contaminación acústica, superior a los 60 decibelios. Allí tienen previsto llevar la escuela Montserrat, ubicada desde hace 84 años en el centro del pueblo.

El proyecto forma parte de un plan para la reforma urbanística del centro, que ha dividido a la población y ha abierto el debate sobre la importancia de los colegios como dinamizadores de la vida social y cultural.

El Departament de Medi Ambient i Habitatge recomienda que los centros docentes no se instalen en zonas que superen los 60 decibelios de ruido durante el día. El Departament d´Educació, sin embargo, aceptó la propuesta que le brindó el Ayuntamiento de Sant Just Desvern y tiró adelante el proyecto sin medir el ruido de la zona. La ley, que, por ejemplo, exige un estudio ambiental previo a la construcción de una carretera, permite que se levante una escuela sin saber si la zona está libre de contaminación acústica y atmosférica. La ley, asimismo, no permite a Medi Ambient hacer valer su criterio si la escuela, como en este caso, cumple con los requisitos urbanísticos y docentes.

Esto supone que, si no hay marcha atrás, doscientos niños, entre los tres y los doce años, estudiarán en un edificio sin condiciones para garantizar su salud, según considera el Consell Escolar del Montserrat.

La red viaria en torno a la escuela, con la B-23 situada a cincuenta metros de la fachada principal, soporta más de 200.000 vehículos al día, según cálculos de Catalunya Camina. La N-340, que pasa por detrás, aguanta 20.000 vehículos y la avenida del Baix Llobregat, 41.000. En esta avenida y la N-340 suceden la mitad de los accidentes de tránsito de Sant Just.

El edificio, conocido popularmente como el búnker, tiene una fachada ciega que sirve para reducir el ruido en las aulas. A cambio de esta ventaja, los neones están todo el día encendidos. Emili Donato lo construyó para albergar una escuela universitaria. La Universitat Politècnica de Catalunya lo ocupó entre 1991 y el 2003, y está abandonado desde entonces. Ayuntamiento y Generalitat aseguran que podrá adaptarse a las necesidades de una escuela de primaria. Las familias y los maestros del Montserrat, sin embargo, afirman que no responde a las necesidades pedagógicas de la enseñanza primaria, y acusan al gobierno municipal, formado por el PSC, ICV-EUiA y ERC, de no respetar un programa electoral que apostaba por la escuela como elemento imprescindible del dinamismo cultural del pueblo. ICV-EUiA, que ocupa la concejalía de Educación, asegura en el boletín municipal de diciembre que en su nueva ubicación el Montserrat mejorará el entorno, y que el derecho del conjunto de la población está por encima de los intereses de una parte.

El edificio UPC se encuentra en Les Basses de Sant Pere, un barrio de bloques residenciales, sin apenas comercios, entre la B-23 y la N-340, carretera que las familias deberán cruzar para alcanzar la escuela. Si el 70% de los alumnos van hoy andando al colegio, en la nueva ubicación sólo lo hará el 43%. Una encuesta de Catalunya Camina revela que un 77% de los padres de alumnos considera que el itinerario al nuevo colegio es muy o bastante peligroso.

Cesca Ruiz, directora del Montserrat, teme que en estas condiciones muchos familiares, sobre todo los abuelos, pierdan el aliciente de llevar y recoger a sus nietos, lo que perjudicará la calidad de vida de los niños y sus familias. La Generalitat asegura que el viejo edificio de la escuela Montserrat, construido en 1922, no reúne las condiciones adecuadas y no vale la pena reformarlo. Ruiz está de acuerdo en que se ha quedado antiguo y que debería ampliarse para poder pasar de una a dos líneas por curso.

La Generalitat afirma que el traslado es mucho más barato que la reforma y Ruiz se queja de que el Departament d´Educació no haya facilitado ninguna cifra sobre los costes de la reforma y del traslado. Lamenta, asimismo, que no haya un argumento pedagógico que justifique el cambio y se pregunta por el estrés que sufrirán alumnos y profesores por culpa del ruido.

La Generalitat y el Ayuntamiento de Sant Just Desvern aseguran que minimizarán todo lo posible el impacto de la B-23. Todo lo que han hecho hasta ahora, sin embargo, es plantar unos cipreses que tardarán años en formar una densa pantalla antirruidos y que, en todo caso, son mucho menos eficaces en esta tarea que un muro artificial.

La auditoría ambiental realizada por el Ayuntamiento de Sant Just en el año 2000 revela que la zona sur del municipio, junto a la que se encuentra el edificio UPC, es la más ruidosa y con el aire más sucio del municipio debido a la B-23, la N-340 y los polígonos industriales.

La ordenanza general de convivencia ciudadana de Sant Just establece un límite máximo de 55 decibelios durante el día en los exteriores de las zonas no industriales. Un estudio elaborado por EDF Consulting el pasado mes de noviembre demuestra que, en el exterior del edificio UPC, la contaminación acústica en un día laborable oscila entre los 62,5 y los 67,5 decibelios.

Estos datos han demostrado a Eva Palau, una de las madres del Montserrat, que las autoridades han decidido el traslado sin preocuparse por los más pequeños, "que son los más vulnerables".

Bajo el lema de Ens quedem (Nos quedamos), la asociación de madres y padres de alumnos (AMPA) del Montserrat ha lanzado una campaña de sensibilización vecinal, a la que se han adherido más de 1.200 personas. Muchos comerciantes, por ejemplo, dependen del tráfico que genera la escuela para mantener sus ventas. Aumentar el tráfico de personas y vehículos, precisamente, es uno de los objetivos que persigue la reforma urbanística que ahora choca con la escuela.

Sant Just, según reconoce el propio Ayuntamiento, es una ciudad dormitorio, con bastantes familias de clase alta y media alta, que acostumbran a pasar los fines de semana en segundas residencias. De ahí que haya muy poca implicación popular en los actos del municipio.

Hace años que el Ayuntamiento intenta darle la vuelta a esta situación, y por eso desea reurbanizar el centro, sustituyendo la escuela por un equipamiento aún por definir en el que podrían incluirse comercios, remodelando el Ateneu, que está al lado, y construyendo un aparcamiento subterráneo de 650 plazas.

Uno de los grandes beneficiados del proyecto, por tanto, es el Ateneu, que preside Josep Maria Marquès. Aunque la escuela Montserrat no le molesta "para nada", no le gustaría perder una gran oportunidad a costa de que siga donde está.

La Diputación de Barcelona convocó el pasado julio un concurso de ideas para un anteproyecto en "el área de equipamientos central". El jurado, presidido por el alcalde Josep Perpiñá (PSC), ha elegido cinco finalistas de los que, sin embargo, no se sabe nada. El alcalde, a través de una portavoz, justifica el secretismo con el argumento de que no hay ningún proyecto en marcha.

El concurso, que se convocó mientras el Montserrat negociaba con la Generalitat y el Ayuntamiento la reforma de su viejo edificio, persigue aumentar el suelo público y los equipamientos allí donde hoy, además de la escuela y el Ateneu, se encuentra Can Costa, una torre unifamiliar con jardín adquirida por el Ayuntamiento.

Una de las dificultades urbanísticas de Sant Just Desvern es que el 50,5% del suelo del municipio no es urbanizable. El 40%, por ejemplo, está dentro del parque de Collserola. Hace unos años el Ayuntamiento quiso ampliar el parque de viviendas urbanizando la falda de Collserola. El proyecto en la Vall de Sant Just alcanzaba los 130.000m2de techo. Los vecinos se opusieron y el Ayuntamiento dio marcha atrás en el 2003.

Las familias del Montserrat intentan ahora que la historia se repita. Jordi Estradé, miembro del AMPA, teme que la reforma urbanística del centro favorezca la especulación inmobiliaria y perjudique a los vecinos que ocupan las fincas más antiguas del pueblo. "Lo que quieren es sustituir una escuela pública, la única que hay en el centro, por un complejo comercial. Está muy claro cuando han planeado un parking de 650 plazas donde hoy está la pista polideportiva del colegio".

El Ayuntamiento sostiene que con la escuela Montserrat junto a la B-23 los vecinos saldrán ganando. El centro, a su juicio, será más dinámico y dispondrá de más espacio público. El teatro del Ateneu, por ejemplo, se modernizará para acoger todo tipo de espectáculos.

Frente a este planteamiento, Cesca Ruiz sostiene que los pueblos que son capaces de mantener sus escuelas en los centros vitales tienen muchas más garantías de cara al futuro que aquellos que apuestan, principalmente, por el comercio. "Nuestra escuela reformada y el Ateneu crearían una gran isla cultural, capaz de formar a grandes ciudadanos".



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