ÓSCAR MARTÍN, S/C de Tfe.
Tensión y expectación. Es lo que se respiraba en la mañana de ayer en la santacrucera calle Primo de Rivera. Un vecino de esta ciudad decidió encadenarse harto del ruido de las obras que se acometen en un inmueble colindante a su negocio. Los trabajos empiezan muy temprano y "aquí no hay quien viva; hemos llamado a la Policía y nos ha dicho que la empresa constructora tiene licencia y que por eso trabajan". Pero quien avisa no es traidor.
El pasado martes, en la Gerencia Municipal de Urbanismo se recibió una reclamación de un vecino harto de los ruidos. Se trataba de José Luis Plasencia Padilla, el hombre que ayer permaneció encadenado en la capital tinerfeña. 10:00 h.- Plasencia Padilla decide subirse al camión grúa de la empresa constructora Proinver. Está harto del ruido y el futuro de su negocio, una tienda de vaqueros, "próxima apertura", se observa en su puerta principal, podría correr peligro.
"Así no podré trabajar, he invertido unos 90.000 euros", manifiesta este vecino desde lo alto de la grúa. Los vecinos son curiosos, pero también están hartos. "Tengo a mi marido enfermo en casa y no soportamos el ruido", asegura una señora mientras accede a su domicilio. Pero las autoridades no tardan en llegar. O mejor, el concejal del distrito Centro, Juan Manuel Brito Arceo, acompañado en todo momento por un asesor. Los agentes de la Policía Local tratan de poner orden en la zona, pues el tráfico se podría ver igualmente amenazado. El concejal del PP, quizás por sus dotes conciliadoras, maneja perfectamente la situación. Primero llama a la concejala de Urbanismo, Luz Reverón, para conocer la situación real de la licencia de obras de la empresa. "Me dicen que tienen todo en regla", indica. Aunque no sólo bastaba con eso.
Brito Arceo se saca de la manga su facilidad de palabra, y se convierte en el "árbitro" de un pequeño conflicto vecinal. "Baje, por favor. A ver si buscamos una solución favorable para ambas partes", insiste el edil santacrucero. Mientras, el encargado de la obra, Luis de Ángel, un joven con carpeta en mano, serio pero atento, no pierde ni un detalle de los movimientos. "Parece que le molestan las obras. No podemos trabajar hasta que el señor se baje", dijo.
12:50 h.- La hora clave. La llegada del representante legal de Plasencia Padilla. La mañana se alarga, los vecinos, algunos desde sus ventanas y otros in situ, denuncian la situación que han venido soportando. "No se va a bajar hasta que no busquen una solución, pero que la firmen por escrito. El encargado de la obra es un prepotente", asegura una vecina. El letrado, que parece tener prisa, se dirige a Brito Arceo, a los agentes municipales y al propio encargado de la obra. La solución provincial parece llegar.
Antes, y de forma fugaz, un técnico de la sección de Medio Ambiente de Urbanismo hace acto de presencia en la zona para realizar las pertinentes mediciones de ruido. Pero claro, tal y como dijo, "no está en condiciones para ello". El técnico del ayuntamiento se despide, firma acta ante la Policía Local y Brito Arceo, el concejal conciliador, domina la zona mientras que el abogado del vecino trata de convencer a José Luis Plasencia.
13:15 h.- Costó pero se consiguió. La idea planteada por Brito Arceo y su asesor parece estar cerca. El abogado se dirige a Luis de Ángel, el preocupado encargado de la obra, y todos, menos este último, claro está, que se convirtió en el malo de la película, logran que por lo menos el hombre encadenado opte por meditar una posible solución: desplazar el camión unos metros y que no moleste a su establecimiento. "Baja, por favor". "Vale, yo bajo, pero esto no se va a quedar así". La empresa tiene licencia de obras, está en regla, y los vecinos no soportan ni el ruido ni al encargado de los trabajos.
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