Los vecinos de la plaza de España y
de la plaza de la Virgen Blanca podrán descansar tranquilos en
apenas unos días. Y es que, las campanadas del reloj que preside la
fachada principal del Ayuntamiento dejarán de sonar por las noches
en cuanto los hermanos Sueskun -responsables del mantenimiento de
todos los relojes municipales- ultimen la desconexión de las señales
horarias entre la medianoche y las ocho de la mañana.
Así lo
ha decidido el Ayuntamiento a petición del Ararteko, Iñigo Lamarka,
que en un informe elaborado hace unos meses recogía las quejas de
los vecinos de la plaza de la Virgen Blanca «por las molestias de
los ruidos generados por este reloj». Señalaban los afectados que
las campanadas «se repetían en las horas, en las medias y en los
cuartos durante todo el día» y pedían al Ararteko que intercediera
para bajar el sonido o desconectar las campanadas durante la noche.
A la vista de estas quejas, el defensor del pueblo vasco
decidió solicitar al Ayuntamiento una medición de este ruido, con el
objetivo de verificar si se respetaban, o no, los límites
establecidos por la ordenanza municipal. El Consistorio contraatacó
entonces asegurando que las campanadas del reloj municipal quedaban
eximidas de la aplicación de estos límites por su «naturaleza
tradicional» y apeló a la tesis de que este tipo de ruidos están
«generalmente» admitidos por la población.
Jurisprudencia
A pesar de la
negativa municipal, el Ararteko no se dio por vencido y, tras
recurrir a la jurisprudencia del Tribunal Supremo y del
Constitucional en esta materia, consiguió que el Consistorio tuviera
en cuenta finalmente la petición de los vecinos. No en vano, fuentes
municipales confirmaron ayer a este periódico que mañana «se
iniciarán los trámites» para desconectar las campanadas horarias que
dejarán de sonar por la noche a «corto plazo».
La decisión
municipal podría, además, sentar un precedente, ya que no es la
primera vez que el repique de campanas genera un abierto malestar
entre los vecinos. El pasado mes de noviembre fue el Síndico, Javier
Otaola, el que pidió que las iglesias de la ciudad no dieran las
campanadas desde la medianoche y hasta las ocho de la mañana. La
sugerencia, una vez más, iba respaldada por las repetidas quejas y
demandas de los vitorianos.
Las últimas fueron interpuestas
por los vecinos de San Cristóbal que criticaban también el «ruido
tan estridente que producen las campanas de la iglesia por la noche,
lo que repercute en el descanso».