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'Persianazos' con pasividad
municipal EL FISCAL CARGA CONTRA EL
AYUNTAMIENTO Y PIDE CINCO AÑOS EN EL PRIMER JUICIO PENAL POR RUIDOS
LLUÍS
SIERRA - 22/02/2006 BARCELONA
El 26 de
noviembre del 2004 unos agentes de la Guardia Urbana y otros
funcionarios iban a precintar (por segunda vez en el mismo mes) el
bar restaurante El Portet, en la calle Sicília esquina Sant Antoni
M. Claret. El fiscal sostiene, avalado por testigos, que el
encargado, Goyo, amenazó a los funcionarios con "darles con un palo
en la cabeza". En lugar de, por ejemplo, detenerlo y esposarlo, los
agentes y funcionarios "se limitaron a no hacer nada, tramitarlo y
que me lo resuelva la fiscalía". Son palabras del fiscal de Medio
Ambiente José Joaquín Pérez De-Gregorio, en su intervención final
del primer juicio penal por contaminación acústica que se celebró
ayer en la sala tercera de la Audiencia de Barcelona y donde
solicitó una pena de cinco años de prisión. Un juicio donde se
repitió hasta la saciedad la palabra persianazo,el estruendo
que se produce al subir y bajar persianas metálicas.
Los
persianazos duraron desde julio del 2003 hasta febrero del
2006, y hasta mediados del 2005 estuvieron acompañados del ruido de
un montacargas, del movimiento de sillas y mesas, y de gritos y
cantos. Ocurrían en el altillo del restaurante, sobre todo en fines
de semana, hasta la una o las dos de la madrugada (hasta las tres y
las cuatro en alguna ocasión), con motivo de fiestas de cumpleaños,
despedidas de soltero y similares.
Cuando cuatro vecinos se
querellaron, en diciembre del 2004, el Ayuntamiento ya había
ordenado el cese de actividades dos veces y había intentado el
precinto otras dos. El bar restaurante sigue abierto hoy, pero algo
sí que ha cambiado: hace dos semanas sustituyeron las persianas
metálicas.
"El Ayuntamiento permaneció en una pasividad que
parece habitual", dijo el fiscal.
Y dado que el bar
restaurante tenía sólo una licencia de actividad desde junio del
2003 pero que nunca ha tenido licencia de funcionamiento y apertura,
señaló que "parece que en este país lo normal es funcionar en la
ilegalidad" y que "la tolerancia de las administraciones en la
ilegalidad es lo habitual".
Parecería, tras cuatro horas de
vista, que se estaba juzgando al Ayuntamiento. Pero no. En el
banquillo se sentaban Dionisio Mestre y Julián Martínez,
administradores del bar restaurante. El fiscal pide para el primero
una condena de cinco años, más indemnizaciones y multas hasta 79.000
euros. Al segundo lo exime, por no participar directamente en la
gestión del local. Pero la acusación particular (a cargo de Lluís
Gallardo, de la Asociación contra la Contaminación Acústica de
Catalunya) pide para los dos administradores penas de cuatro años.
En España ha habido una docena de juicios penales por
delitos contra la salud pública a partir del ruido excesivo.
Sorprendía ayer que el primer caso en Barcelona no fuese contra una
sala de fiestas o una discoteca, sino contra un restaurante. Los
damnificados explicaron un cuadro de ruidos y molestias durante dos
años largos. En especial, el matrimonio Jerónimo Segura y Manuela
Mañoso relató cómo debieron tratarse y medicarse por insomnio,
depresión y estrés.
La defensa se basó en que las reformas
se fueron haciendo a medida que el Ayuntamiento las planteaba, pero
éste no daba las licencias y, encima, tardó un año (de diciembre del
2004 a noviembre del 2005) en hacer una inspección de las penúltimas
reformas. La letrada Cristina Grau defendió que un caso como éste no
debía haber llegado a la jurisdicción penal. "Lo que produce
insomnio - dijo- es que por esto unos hombres puedan ir a la cárcel
tanto tiempo".
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