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Miércoles, 22 de febrero de 2006
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CATALUÑA
EDICIÓN IMPRESA - Cataluña
El fiscal pide cinco años de cárcel para el dueño de un bar por las continuas molestias a los vecinos
Dos de los afectados por los ruidos, que viven encima del local, han sufrido un cuadro ansioso-depresivo que ha requerido tratamiento médico
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BARCELONA. El fiscal pide cinco años de prisión para el dueño de un restaurante situado en el número 394 de la calle Sicília de Barcelona, la pena más alta solicitada por una causa de este tipo, por las molestias que el bar causó a los vecinos entre julio de 2003 y noviembre de 2004. El juicio contra Dionisio M. R., dueño de «El Portet», que a día de hoy no tiene la preceptiva licencia municipal de apertura y funcionamiento, se llevó a cabo ayer en la Audiencia de Barcelona.

Al dueño se le acusa de un delito contra los recursos naturales, la salud pública y el medio ambiente. Por él, el fiscal reclama, además de los cinco años de cárcel, una multa de 23.400 euros y que se le inhabilite durante cuatro años para el ejercicio de actividades de restauración.

Por su parte, la acusación particular pide cuatro años de cárcel y una indemnización de 36.000 euros para los vecinos afectados por los ruidos. A diferencia del fiscal, quien retiró los cargos contra él, la acusación particular solicita también cuatro años para el administrador solidario del negocio, Julián M. J. La defensa, que se mostró sorprendida por la «dureza punitiva» exigida por las acusaciones, pide la absolución de los procesados.

Fruto de las denuncias de los vecinos, el Ayuntamiento de Barcelona ha intentado en tres ocasiones precintar el local, sin llegar a hacerlo. La última vez que los técnicos municipales se personaron para cerrarlo, el 9 de febrero, no ejecutaron la orden porque constataron que estaban cambiando las persianas metálicas, uno de los elementos que más molestias provocaba al abrirse y cerrarse, además de los ocasionados por el montacargas, los extractores de humos, las sillas y las fiestas que se hacían. Los ruidos, según se comprobó en dos ocasiones, superaban los máximos permitidos.

Los dos acusados manifestaron en el juicio no haber recibido quejas de los vecinos. Éstos, sin embargo, relataron su calvario. El matrimonio más afectado, ya que vive encima del restaurante, ha sufrido un cuadro ansioso-depresivo que ha requerido tratamiento médico.