BELEN PARRA
BARCELONA.- La fiesta
mayor concluyó anoche entre la desilusión de unos y el alivio de
otros, en su mayoría vecinos del barrio.Gràcia puso ayer fin a una
nueva edición de sus Festes marcada por el goteo de incumplimientos
de la ordenanza municipal que el Ayuntamiento de Barcelona puso en
marcha en enero de 2006 para placar el incivismo en la ciudad.
Visto lo visto estos días en Gràcia, los
miembros del Consistorio deberán esmerarse en una aplicación más
firme de la norma si no quieren que la gente acabe por ignorarla. No
son pocos los ciudadanos que desconocen algunos de los puntos de la
ordenanza pero curiosamente los más cacareados como el consumo de
alcohol en la calle, las pintadas, el exceso de ruido y los orines
sobre la vía pública suelen ser los menos respetados.
Sobre todo a los más jóvenes les cuesta entender que por ley
tengan que acabar la fiesta a partir de las 4.00 de la mañana,
cuando tanto bares como locales nocturnos tienen que haber cerrado
sus puertas. Eso no implica que la gente pueda seguir la fiesta en
la calle, porque tampoco está permitido por la ordenanza.Menos aún
cuando la juerga conlleva perturbar el descanso de los vecinos,
«aunque en Gràcia ya están acostumbrados y no se suelen registrar
muchas denuncias por este tema», esgrimen desde los Mossos
d'Esquadra, encargados de la seguridad en el barrio durante sus
Festes, en coordinación con la Guardia Urbana, cuerpo que ha
recogido la mayoría de quejas vecinales, todas por vía telefónica.
El presidente del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, Alberto
Fernández Díaz, lamentó ayer la «permisividad» del gobierno
municipal con los grupos antisistema o alternativos durante la
fiesta mayor de Gràcia, al optar «equivocadamente por la teoría del
mal menor» al permitir infracciones de la ordenanza de civismo para
evitar incidentes violentos. Justamente es este último el argumento
que ofrece la policía autonómica para no actuar con mayor
contundencia: «evitar males mayores».
Fernández se refería en sus palabras a la fiesta rave organizada
por el colectivo okupa durante la madrugada del lunes en la que la
policía no desalojó a la gente hasta las 6.00 de la mañana,
permitiendo que protagonizaran cánticos sobre el mobiliario urbano
que impedían el descanso de los vecinos, pintaran fachadas y
orinaran en medio de la calle.
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