ÀLEX GUBERN
BARCELONA.
Después de dos noches de violencia en el barrio barcelonés de
Gracia, una relativa normalidad se impuso en la fiesta mayor del
distrito, aunque eso sí, a costa del descanso de los vecinos. El
temor a nuevos disturbios -producidos en las dos noches anteriores a
partir de las dos y media de la madrugada, al procederse al desalojo
de las plazas- llevó a la Policía a no intervenir, dejando que los
jóvenes concentrados tras los conciertos permaneciesen en la calle
hasta pasadas las seis de la madrugada.
A diferencia de la
madrugada del martes y del miércoles, no fueron los antidisturbios
quienes desalojaron las plazas sino el agotamiento después de una
noche de música y alcohol. No se produjo la intervención de las
reforzadas dotaciones policiales -80 agentes en total entre Policía
Nacional, Mossos d´Esquadra y Guardia Urbana-, que ante la orden de
no intervenir evitaron que se produjesen disturbios, aunque a cambio
de arruinar el sueño de los vecinos del barrio, que vieron cómo los
«bongós» -instrumentos de percusión- y el botellón en su versión
barcelonesa -gracias a los omnipresentes «lateros»- hicieron que la
fiesta se prolongase cuando ya casi clareaba el día. Sólo se
registró algún incidente aislado cuando una treintena de jóvenes
-visiblemente alcoholizados y de estética alejada del canon «okupa»-
quemaron un contenedor, lanzaron algunas botellas y cruzaron en
plena calle dos urinarios móviles. La Policía, en todo momento, se
mantuvo a distancia.
«Mejor ruido que disturbios»
El
concejal del distrito, Ricard Martínez, de ERC, reconocía ayer que
es preferible «el ruido a los disturbios», pero que no debe tratarse
de una solución habitual. En todo caso, resulta evidente que el
Ayuntamiento de Barcelona se ha visto desbordado por los
acontecimientos, teniendo que modificar sobre la marcha el
dispositivo policial inicialmente previsto.
Tras la primera
noche de disturbios, el alcalde de Barcelona, Joan Clos, quitó
importancia a los incidentes, calificándolos de «mínimos y
colaterales». A la mañana siguiente, tras otra madrugada de
violencia, tuvo que rectificar y pedir más Policía ante el cariz que
tomaban los acontecimientos.
A modo de previsión, Martínez
explicó ayer que, cuando el próximo año los Mossos d´Esquadra hayan
asumido ya todas las funciones policiales en Barcelona, el
despliegue tendrá que responder a la verdadera dimensión de una
fiesta que por número de visitantes supera los límites estrictos del
barrio de Gracia y se ha convertido en la mayor fiesta del verano de
toda la ciudad.
El concejal republicano, sin embargo, no supo
explicar por qué la Guardia Urbana, bajo mando municipal, no destinó
más agentes. «Hicimos un despliegue acorde con una fiesta normal, no
ante unos disturbios que eran imprevisibles», se justificó
Martínez.
Precisamente porque en muchos ámbitos se considera
que los disturbios sí eran previsibles, desde la oposición
municipal, el jefe de filas del grupo del PP, Alberto Fernández,
pidió la dimisión del concejal republicano de Gracia «por su
permisividad con los radicales» y «por la improvisación» a la hora
de atajar los incidentes.