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Sábado, 20 de agosto de 2005
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NACIONAL
EDICIÓN IMPRESA - Sucesos
El Ayuntamiento permite la ocupación de la calle para evitar más disturbios en Gracia
El Consistorio reconoce que el dispositivo policial inicialmente previsto no consideraba la posibilidad de algaradas. El PP pidió la dimisión del concejal del distrito
El Ayuntamiento permite la ocupación de la calle para evitar más disturbios en Gracia
ELENA CARRERAS Ante la mirada de la Guardia Urbana, la plaza del Sol permaneció ocupada hasta pasadas las seis de la mañana
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ÀLEX GUBERN

BARCELONA. Después de dos noches de violencia en el barrio barcelonés de Gracia, una relativa normalidad se impuso en la fiesta mayor del distrito, aunque eso sí, a costa del descanso de los vecinos. El temor a nuevos disturbios -producidos en las dos noches anteriores a partir de las dos y media de la madrugada, al procederse al desalojo de las plazas- llevó a la Policía a no intervenir, dejando que los jóvenes concentrados tras los conciertos permaneciesen en la calle hasta pasadas las seis de la madrugada.

A diferencia de la madrugada del martes y del miércoles, no fueron los antidisturbios quienes desalojaron las plazas sino el agotamiento después de una noche de música y alcohol. No se produjo la intervención de las reforzadas dotaciones policiales -80 agentes en total entre Policía Nacional, Mossos d´Esquadra y Guardia Urbana-, que ante la orden de no intervenir evitaron que se produjesen disturbios, aunque a cambio de arruinar el sueño de los vecinos del barrio, que vieron cómo los «bongós» -instrumentos de percusión- y el botellón en su versión barcelonesa -gracias a los omnipresentes «lateros»- hicieron que la fiesta se prolongase cuando ya casi clareaba el día. Sólo se registró algún incidente aislado cuando una treintena de jóvenes -visiblemente alcoholizados y de estética alejada del canon «okupa»- quemaron un contenedor, lanzaron algunas botellas y cruzaron en plena calle dos urinarios móviles. La Policía, en todo momento, se mantuvo a distancia.

«Mejor ruido que disturbios»

El concejal del distrito, Ricard Martínez, de ERC, reconocía ayer que es preferible «el ruido a los disturbios», pero que no debe tratarse de una solución habitual. En todo caso, resulta evidente que el Ayuntamiento de Barcelona se ha visto desbordado por los acontecimientos, teniendo que modificar sobre la marcha el dispositivo policial inicialmente previsto.

Tras la primera noche de disturbios, el alcalde de Barcelona, Joan Clos, quitó importancia a los incidentes, calificándolos de «mínimos y colaterales». A la mañana siguiente, tras otra madrugada de violencia, tuvo que rectificar y pedir más Policía ante el cariz que tomaban los acontecimientos.

A modo de previsión, Martínez explicó ayer que, cuando el próximo año los Mossos d´Esquadra hayan asumido ya todas las funciones policiales en Barcelona, el despliegue tendrá que responder a la verdadera dimensión de una fiesta que por número de visitantes supera los límites estrictos del barrio de Gracia y se ha convertido en la mayor fiesta del verano de toda la ciudad.

El concejal republicano, sin embargo, no supo explicar por qué la Guardia Urbana, bajo mando municipal, no destinó más agentes. «Hicimos un despliegue acorde con una fiesta normal, no ante unos disturbios que eran imprevisibles», se justificó Martínez.

Precisamente porque en muchos ámbitos se considera que los disturbios sí eran previsibles, desde la oposición municipal, el jefe de filas del grupo del PP, Alberto Fernández, pidió la dimisión del concejal republicano de Gracia «por su permisividad con los radicales» y «por la improvisación» a la hora de atajar los incidentes.