Al parecer España es, detrás de Japón, el
país más ruidoso del mundo. Y se ha demostrado que el ruido es
perjudicial para la salud. Lluís Gallardo, defensor de los
damnificados por los decibelios ajenos, es el jurista que en
el 2001 ganó la primera sentencia en España de este tipo y
expulsó a unos inquilinos molestos.
--¿El ruido
puede matar? --Sí. Un señor de Zaragoza que sufría del
corazón y vivía en una zona de gran concentración de locales
de ocio reclamó reiteradamente al ayuntamiento su derecho al
descanso. Una madrugada tuvo un infarto y murió. Se ha
demandado al ayuntamiento, pidiéndole una indemnización de
60.000 euros por no haber aplicado las medidas pertinentes que
evitaran esa muerte. --Hay daños menos
extremos. --El ruido perjudica el sistema inmunológico,
provoca un cambio de conducta, agrava enfermedades de base,
causa irritabilidad, desconcentración e insomnio, aumenta el
colesterol... El ruido es una agresión. Hay que empezar a
hablar de violencia acústica.
--¿No
exagera? --El ruido viola derechos fundamentales de la
persona: el derecho a la salud, a la intimidad y a la
inviolabilidad del domicilio.
--¿Y eso cómo se
demuestra? --Antes era más difícil, pero tras la
sentencia de Estrasburgo por el caso de Pilar Moreno, de
Valencia, la cosa ha cambiado. ¿Qué ha dicho Estrasburgo? Que
los tribunales estaban totalmente equivocados al exigirle una
prueba concluyente de que dentro de su domicilio tenía ruido,
porque el ayuntamiento tenía informes sonométricos que decían
que en su calle había una media de más de 100
decibelios. --¿Los ayuntamientos no arriman el
hombro? --Están más concienciados los jueces y fiscales
que las autoridades municipales, que teóricamente son las
encargadas de aplicar la legislación. ¿Por qué? Porque la
autoridad municipal está imbuida de la política a seguir para
lograr la reelección.
--Cerrar locales es impopular,
claro. --Claro. Pero no sólo cerrar locales. Este
verano sufrimos los bongós de la Ciutadella. El ayuntamiento
tiene la obligación de aplicar una normativa que dice que está
prohibido tocar instrumentos de percusión con amplificadores
en la vía pública. Pero opta por la
permisividad.
--Usted y sus clientes tendrán fama de
avinagrados, ¿no? --¡Y de aguafiestas! Pero no sólo nos
dicen eso. ¿Sabe qué manifestó un político en público? Que la
gente que tiene problemas con el ruido es "porque toma
pastillas para dormir y porque no chinga". Eso lo dicen
quienes no entienden el problema. --Quizá lo hagan tras
un ejemplo. --Llevo el caso de una persona que vive en
un piso pegado a un horno que trabaja toda la noche. Padece
una esquizofrenia de base y tiene el derecho y la necesidad de
descansar.
--El panadero tiene el derecho a hacer
pan. --Sí. Pero legalmente, y Estrasburgo lo ha vuelto
a recordar, prevalece el derecho a la salud y a la intimidad.
El panadero debe tomar las medidas pertinentes para evitar una
transmisión de ruidos que supere a los límites
permitidos.
--Y luego está el tráfico. ¿Algún punto
negro? --La Via Laietana. No sólo por el volumen de
tránsito, sino por su configuración arquitectónica. Pero
también la Gran Via, que en hora punta registra casi 80
decibelios.
--¿Eso es mucho? --La voz
asciende a unos 55 decibelios; una sirena, a unos 100, y en
una discoteca hay entre 110 y 120. El umbral del dolor se
sitúa en 120.
--Tirar de la cadena son 85
decibelios. Si vas mal, ¿torturas al vecino? --(Ríe) En
Suiza igual viene la autoridad municipal y se te lleva el
váter.
--Suerte que aquí no. --En serio, en
Catalunya tenemos la ley 16/2002 de protección contra la
contaminación acústica. Esa ley es ambigua, pero pone en manos
de los ayuntamientos un arma potentísima para acabar con el
ruido. El ayuntamiento precinta locales, pero muchos se pasan
el precinto por el forro. Entonces, la ley dice que puede
aplicar una sanción que va de los 12.001 a los 300.000 euros.
Pero eso no ocurre.
--¿...? --La aplicación
de bandas sonorreductoras y el control de ruido de las motos
son operaciones políticas. En Cádiz la policía local precinta
los equipos de música de los coches-discoteca, los del
chunda chunda, y pone multas de 600 euros. Aquí pone
carteles diciendo que el sonido de noche molesta,
¿comprende?
--Oiga, ¿nunca ha hecho
ruido? --Mmm... En mi etapa heavy metal los
vecinos se me quejaron un par de veces. Pero la etapa me duró
poco.
Noticia publicada en la página 9 de la edición
de 12/1/2004 de El Periódico - edición impresa. Para ver la
página completa, descargue el archivo en formato
PDF