TEXTO: ANNA
CABEZA
BARCELONA. «El ruido impuesto es no tener ningún poder
sobre tu vida». Con este principio, la Asociación Contra la
Contaminación Acústica (ACCA) lleva más de ocho años luchando por
los derechos de los ciudadanos en Barcelona. La capital catalana,
ciudad vital, de movimiento y ajetreo constante genera un sinfín de
ruidos, muchos de los cuales se podrían evitar con más solidaridad
vecinal pero también con una actitud más activa y beligerante por
parte del Ayuntamiento.
Si el ajetreo del día a día es
aceptado, la noche, momento para descansar y reponer fuerzas, se
convierte en una auténtica pesadilla para muchas familias. Aparte
del incivismo entre vecinos -tele y música demasiado altos, gritos a
todas horas- la «marcha» nocturna es una de las principales
causantes del insomnio en la ciudad, y no sólo lo provocan los
jóvenes que callejean, sino que también los propios locales de ocio
causan un excesivo, y evitable, ruido debido a una deficiente
insonorización. Las pruebas médicas son concluyentes: un sueño roto
impide el descanso necesario, y a la larga acarrea importantes
efectos sobre la salud.
Esther Melcón, secretaria de la ACCA,
asegura que «o vivimos o nos divertimos, y el Ayuntamiento querría
conseguir un descanso ruidoso y un ocio silencioso, algo que es
estúpido». La labor de la Guardia Urbana para paliar el jaleo es
insuficiente y existe un «vacío» legislativo, ya que la normativa no
prevé «actuaciones coercitivas contundentes», denuncia la entidad.
Además, la confusa legislación y su aplicación sobre el ruido, junto
con la máxima que asegura que «tu casa es inviolable», favorecen que
vecinos y propietarios de locales se relajen ante el exceso de
decibelios.
El camino de esta entidad, que tiene una media
diaria de tres llamadas y decenas de correos electrónicos para
consultas, no ha sido fácil. Cuando empezaron «nos llamaban
amargados y neuróticos, pero ahora la gente empieza a entender que
el del ruido es un problema grave, y ya no se resignan. Las quejas
empiezan a llegar». Melcón denuncia que, en más de una ocasión, el
Ayuntamiento, a través del teléfono de información al ciudadano, ha
llegado a recomendar que acudiesen a la ACCA para resolver temas
sobre ruido. Sin embargo, todavía mucha gente tiene temor a «hacer
el ridículo» al denunciar las conductas sonoras irregulares,
comentan desde la asociación.
La Organización Mundial de la
Salud (OMS) asegura que todo ser humano que pasa ocho horas al día
sometido a más de 65 decibelios se resiente de ello, mientras que en
Barcelona, en muchos casos, los ruidos superan los 80 decibelios,
según la ACCA. Además del insomnio, combatido con pastillas para
dormir, las crisis de ansiedad, depresiones y el cansancio suelen
aparecer entre los diagnósticos. Una de las principales
problemáticas de este colectivo es encontrar la relación
causa-efecto entre el ruido y una enfermedad
psicológica.
Según datos de la entidad, el 60 por ciento de
las quejas por ruido incumben al incivismo vecinal, el 15 por ciento
tienen que ver con locales de ocio nocturno y otro cinco por ciento
se relaciona con problemas de tráfico. En cuanto a los problemas de
los bares, la mitad de ellos tienen como culpables a los clientes en
el momento en que salen a la calle, mientras que el resto se deben
al ruido del local.
Últimamente se ha destacado el jaleo
nocturno como uno de los principales problemas de convivencia en el
espacio público barcelonés, aunque no hacen falta gritos para
interrumpir el sueño. Barcelona tiene una saturación de locales de
ocio en muchas zonas que mueven a autóctonos y turistas cada noche,
por lo que, «por bajo que hables y civilizado que seas, molestas»,
comenta Melcón.«Esto no es incivismo, simplemente una distribución
de las licencias comerciales absurda por parte del Ayuntamiento»,
puntualiza.
Por otro lado, algunos de los establecimientos no
cumplen las normativas, problemática que crece con los años, según
la ACCA. La mayoría de las irregularidades tienen que ver con las
licencias. Así, muchos bares actúan como discotecas, por lo que no
cumplen los requisitos y tanto la insonorización como la
refrigeración causan numerosas molestias a los
vecinos.
Ruidos no puntuales
No obstante, los
problemas dentro de las comunidades de vecinos son las más
numerosas, y posiblemente el nivel de denuncias es proporcionalmente
menor. «Todos tenemos, de vez en cuando, un vecino que monta una
fiesta y aguantamos», aseguran desde la ACCA. El problema, claro, es
cuando el ruido no es puntual. Dentro de las «molestias vecinales»,
la instalación de aires acondicionados es una de las denuncias más
recurrente. «Permitiendo el ruido, el Ayuntamiento incita a la
instalación de aparatos de refrigeración, algo que va en contra de
los principios de la Agenda 21 de Sostenibilidad», denuncia. En este
sentido, la entidad señala que la refrigeración de los edificios
municipales de la plaza Sant Jaume también causa numerosas molestias
a los vecinos de Ciutat Vella.
«El aire acondicionado se
instala muchas veces para protegerse del ruido exterior, que acaba
convirtiendo una casa en un búnker», comenta Melcón, un círculo
vicioso de difícil arreglo. De la misma manera, el vecino afectado
por el ruido de Barcelona suele instalarse ventanas de doble cristal
e, incluso, insonorizar su propia vivienda. Desde la ACCA están
convencidos de que «a más dinero, más garantías para resolver un
problema de ruido, pero tampoco se consigue el silencio».
En
su particular mapa de ruidos de Barcelona, la entidad señala que
Sarrià-Sant Gervasi -a excepción de la zona de Mitre- es el distrito
más tranquilo. Por contra, Gràcia y Ciutat Vella son los vecindarios
más aquejados por el ruido nocturno, ya que se trata de unos
distritos con calles estrechas y llenas de locales de ocio. En
Sants-Montjuïc, los problemas están más dispersados -Pueblo Español,
fuentes de Montjuïc, Font de la Guatlla...-. Enric Granados y
Aribau, en el Eixample, zonas llenas de bares de copas, son otros de
los puntos calientes de Barcelona.
En Nou Barris, denuncia la
ACCA, es el propio Ayuntamiento quien incita al jaleo, ya que el
centro cívico del distrito acoge casi cada día fiestas de
asociaciones del barrio hasta altas horas de la
madrugada.