20MINUTOS.ES. 17.12.2007 - 13:42h
Donde hay niños, hay ruido, pero no se sabía que hubiera tanto. Según un
estudio llevado a cabo por la Universidad del País Vasco (UPV), el ruido que se produce en
una feria infantil de Navidad puede llegar hasta los 90
decibelios, lo que auditivamente es comparable a las molestias que
causa un martillo neumático a pleno rendimiento.
Agustín Martínez, coordinador del estudio y decano de la Facultad de Medicina
y Odontología de la UPV, comentaba sobre las conclusiones del mismo que un ruido
de esa naturaleza no sería aceptado "en ningún puesto de trabajo" ya que no son
tolerables "unas condiciones de contaminación acústica semejantes".
No conviene olvidar que cada año mueren miles de personas en todo el mundo a causa del ruido
excesivo.
Tenemos un ocio ruidoso
Según comenta Martínez, la solución más habitual en el mundo laboral para el
ruido excesivo es "es la de aislar el foco y bajar el volumen".
"Además", añade "existen tapones específicos para cada frecuencia sonora que se
adaptan a la anatomía de cada oído".
Las ferias, mercados y petardos, los riesgos auditivos de las
Navidades
De hecho, según el estudio, las fuentes de ruido más comunes hoy en día ya no
se producen en el ámbito laboral, sino en el tiempo de ocio de cada uno. Así,
otras fuentes de contaminación acústica muy comunes son los reproductores de
música portátiles (mp3 y similares), los altavoces de los coches, las discotecas
y los conciertos. En esta época aparecen también los petardos y los ruidos en
los mercados tradicionales.
Los problemas más destacados apuntan en dos direcciones: que la
población más joven no tolera el mismo nivel de ruido que los adultos
(aunque son, precisamente, quienes más alta llevan la música y quienes más
acuden a lugares ruidosos), y que los efectos del ruidos nos afectan
físicamente aunque no los percibamos como una molestia (poner la música
alta no nos molestará, pero nos causará los mismos efectos secundarios).
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