Gilbert Varga, director de la
Orquesta Sinfónica de Euskadi, desde 1997, es un hombre apasionado
que disfruta con su trabajo. Buen conversador y amante de la
naturaleza, reside en un pueblo pequeño, cerca de Toulouse, sin
vecinos ni ruidos que le molesten. Considera su profesión un
privilegio y que la música es «un idioma que puede expresar mucho
más que la palabra».
-Vive en un pueblo muy
pequeño.
-La naturaleza es una necesidad para mí. No soy una
persona de ciudad, no me gusta. Mi casa está aislada y no tenemos
vecinos. Es fantástico. Tengo suerte de que a mi mujer y a mis hijos
también les guste.
-Creo que no soporta la música ambiental
de los aeropuertos.
-Así es. El ruido es la mayor tortura
para mí. He escrito varias veces a los responsables de los
aeropuertos diciéndoles que debería estar prohibido. Todo el ruido
de los hoteles, de la habitación de al lado, de la calle... Pienso
que somos como fumadores pasivos. Lo mismo ocurre con la música. Hay
una diferencia entre escuchar y oír. Cuando una persona viene al
concierto, escucha; pero, cuando está en el aeropuerto o en un gran
centro comercial, no escucha, sólo oye. Me molesta el ruido, es
insano. Pienso que destruye la salud.
De descanso
-¿Qué le gusta hacer en su
tiempo libre?
-Leer. Estoy con dos libros, uno de Chandler y
otro sobre la historia de América. Tengo una gran colección de
libros. Puede que sea porque descubrí muy tarde la
literatura.
-¿Antes no le gustaba leer?
-Tenía un
problema mayor. No sabía qué leer.
-¿Y cuántos idiomas
habla?
-Mal, muchos.
-¿En verano escucha otra
música?
-Mi hijo estudia la percusión y ama el jazz. Yo lo
escucho y también obras de clásica que no conozco.
-¿Algún
compositor le relaja especialmente?
-El más completo, además
de que se puede escuchar en cada circunstancia de la vida, es Bach.
Lo contiene todo. Creo que hace veinte años hicieron un experimento
en Alemania con vacas para comprobar con qué música daban más leche
y el resultado fue: con Bach.
-¿Es fan de algún grupo de
rock, pop...?
-No conozco a ninguno. Lo más moderno que
conozco son los Beatles.
-¿Y le gustan?
-Sí. Son
clásicos. Las melodías me gustan mucho.
-¿La música clásica
debería vivirse con más normalidad y menos rigidez?
-Para mí,
la música es un idioma con el que se puede expresar más de lo que se
puede decir con palabras. Es mucho más rica que cualquier idioma del
mundo. Vivimos en una época en la que debemos pensar mucho lo que
decimos, porque a veces las palabras son fuente de conflictos. En
cambio, con la música puedo expresar mucho más. Es abierta, rica y
permite llegar al fondo. Por ello, es un privilegio ser músico o
artista en general.
Vuelta
al trabajo
-¿A que orquesta le gustaría
dirigir?
-A la que ya dirijo, la Orquesta Sinfónica de
Euskadi.
-¿Y, el momento más importante de la trayectoria de
la OSE?
-La primera gran gira por América del Sur. En
especial, el concierto que ofrecimos en Buenos Aires. En aquel
momento, se despertó un sentimiento en la orquesta al comprobar que
tenían un nivel internacional.
-¿Sufrirá el síndrome
postvacacional a la vuelta al trabajo?
-Es normal sufrirlo,
pero siempre, dos semanas antes de trabajar, hago una
descomprensión. Me quedo en casa y me preparo para volver a
trabajar.
-Es usted bastante cerebral.
-Si. En
definitiva, la mitad de la vida es
organización.