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TARRAGONA | Miercoles 16 de Abril, a las 09:11:h 'Esto es un infierno, aquí no hay
quien duerma' Tarragona es la segunda
demarcación con más denuncias por problemas de ruido después de
Barcelona. Todas las demandas de 2007 fueron por problemas con
locales de restauración por
norián muñoz |
«Tenemos ruidos de todo
tipo, pero el que más nos atormenta es el de la casa okupa que
tenemos al lado y donde viven unas 30 personas. Organizan conciertos
de jueves a sábado y comienzan a eso de las 11 de la noche y, muchas
veces, no terminan hasta las 4 de la madrugada. Cuando llamamos a la
Guàrdia Urbana los desaloja y a los 10 minutos ya están todos allí
otra vez porque han montado una especie de bar improvisado. Es como
si estuvieran en el salón de mi casa y no hay nada que podamos
hacer. Cerramos ventanas y nos ponemos tapones en los oídos, pero
esto es un infierno, aquí no hay quien duerma. Yo trabajo a turnos y
los días que empiezo a las 6 de la mañana no descanso nada». Quien
así se expresa es un vecino de la calle Ferrers, ubicada en la Parta
Alta de Tarragona, una de las zonas de mayor contaminación acústica
de la ciudad.
Hoy se celebra el Día Mundial de la lucha
contra el ruido, un problema invisible pero con un impacto evidente
y comprobado en la vida de las personas.
Los bares lideran
las quejas
Según explica el abogado de la Associació Catalana
Contra la Contaminació Acústica, Luis Gallardo, Tarragona es,
después de Barcelona, la segunda provincia con más denuncias por
problemas de ruidos.
Esta organización atendió el año
pasado unas 200 consultas de diferentes puntos de la demarcación. La
práctica totalidad se produjeron en zonas costeras. De esas
consultas, quince se concretaron en denuncias. Apunta el letrado que
el principal foco de conflictos por contaminación acústica son los
bares y hace una comparación esclarecedora: si en Barcelona la mitad
de las denuncias son contra vecinos y la otra mitad por locales de
restauración, en Tarragona todas las denuncias son por la
resturación.
Así pues, según Gallardo, el perfil más común
del vecino afectado por la contaminación acústica en Tarragona es
una persona que vive en el piso superior, o frente a un local de
restauración.
Otro vecino de la Part Alta, esta vez de la
calle Nau, cuadra de sobra en el perfil. Tiene un bar debajo de su
casa y otro enfrente: «Imagínese cosas tan sencillas como que a las
11 de la noche de un día cualquiera estás viendo la televisión y de
repente escuchas un estruendo terrible. Es el impacto de 100
botellas cayendo en el contenedor. Puede que esto dure sólo dos
minutos, pero el susto ya no hay quien te lo quite»,
relata.
Y esto es apenas un detalle anecdótico si se tiene en
cuenta, como dice este vecino, que se trata de fincas antiguas con
muy poca protección ante la contaminación acústica. «Tenemos
esponjas en todas las ventajas, pero no sirve de nada»,
cuenta.
Pero el catálogo de ruidos no termina aquí. Hay que
sumar el estruendo de los coches y las motos pasando por calles que
no superan los cuatro metros de ancho, muchos incluso «con el
reggaetón a todo volumen a las 3 de la madrugada», la carga y
descarga de los almacenes a toda hora -«nadie respeta el supuesto
tiempo de sueño entre las 10 de la noche y las 8 de la mañana»- y
eso sin contar a quienes no se resignan a terminar la juerga y
siguen el botellón en plena calle.
Al catálogo de sonidos
molestos, Pilar Bueno, de la calle Cavallers, añade una queja que es
común entre los vecinos: la de los restaurantes que no dejan fumar.
Los clientes de estos locales sin humo suelen hacer sus ruidosas
tertulias en plena calle y sin atención alguna al descanso de los
vecinos: «A veces hay más juerga fuera que dentro. Además, tenemos
que gastar un montón en aire acondicionado y cristales dobles,
porque si no, no se puede aguantar», señala.
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