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Domingo, 14 de agosto de 2005
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SOCIEDAD
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Un problema grave que hace oídos sordos
La sociedad española es cada vez más ruidosa, pero la lucha contra el exceso de decibelios es todavía residual
Un problema  grave que hace oídos sordos
AUDÍMETROS. El tráfico genera la mayor parte de problemas.
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LOS RUIDOS
Afectados

España: Doce millones de españoles viven con niveles de ruido no recomendados.

Europa: En la UE la contaminación acústica se ha duplicado en los últimos diez años.

Niveles de ruido

Una casa tranquila: 40 decibelios.

Una casa con música: 60 dB.

Una calle céntrica: 90 dB.

El lugar de trabajo: 95 dB.

Una discoteca: 130 dB.

Un concierto: 140 dB.

La ley española

Ley 37/2003: Establece los límites que se consideran razonables para evitar problemas de salud.

El trabajo: Se intenta que antes de 2006 se rebajen los límites en los trabajos a 86 dB.
LOS expertos coinciden en que vivimos en una sociedad cada vez más ruidosa. A nuestro alrededor hay un nivel de sonidos no deseados (al fin y al cabo eso es el ruido) que no para de aumentar, alcanzando niveles medios -aparte de los picos- en su intensidad que los expertos consideran dañinos para la salud. Una estimación española habla de 12 millones de viviendas afectadas por un nivel de ruido externo por encima de lo recomendable, de manera que el problema tiene una incidencia casi generalizada. En Europa la contaminación acústica se ha duplicado en los últimos diez años, asociada a las actividades humanas.

Pero el ruido es una sensación personal y no siempre resulta sencillo establecer baremos adecuados para poblaciones amplias. Habitualmente se tiene en cuenta la intensidad de sonidos que se reciben en un punto dado, medida en decibelios. Como otras magnitudes psicofísicas, la intensidad de un sonido se estableció a finales del XIX por parte de los psicólogos que analizaban qué incrementos de señal producían un cambio apreciable en la percepción. Las escalas de estas magnitudes son logarítmicas, es decir, si una señal sonora duplica su potencia, lo percibiremos un sonido como cuatro veces más 'alto'. El físico norteamericano Alexander Graham Bell (a quien se atribuyó durante más de un siglo, erróneamente, la invención del teléfono), estableció la unidad de sensación sonora en términos de esa propiedad, siendo el decibelio (dB) así la escala con la que se evalúa la misma. Un belio corresponde al incremento de potencia en un factor 10.

Una casa tranquila sin fuentes de sonido funcionando, una biblioteca o un jardín tienen un nivel de ruido que se establece como el de referencia, equivalente a 40 dB. Es el nivel basal, que cada vez es más difícil de tener. En esas condiciones, una conversación entre dos personas, o música de fondo, suben el nivel a 60 dB (20 veces más de potencia en los sonidos que recibimos, por lo tanto).

Situaciones cotidianas

El ruido de una calle céntrica con tráfico, o un grito de una persona a un metro de distancia, corresponden a 90 dB. Se estima que mantener este nivel durante una jornada de trabajo tiene efectos dañinos para la persona. En una discoteca o un concierto, se alcanzan fácilmente los 130 dB (512 veces más 'alto' que la biblioteca de la que partimos) y pueden producir daños con media hora de exposición. Por encima de los 130 dB cualquier sonido (un helicóptero, una explosión) puede producir daños casi directamente.

Sin embargo, no es preciso romper los tímpanos para que los efectos sobre la salud sean perceptibles. Hay consenso científico en los efectos dañinos del ruido, incluso a niveles relativamente bajos, sobre todo cuando se presentan de manera continuada, como puede suceder en el lugar de trabajo o en el hogar. Un estudio de la Agencia Federal Alemana de Medio Ambiente mostraba que hay una incidencia de un 20% más de ataques cardiacos en personas sometidas habitualmente a niveles de 65 dB. Es decir, no estamos hablando de molestias en la audición, sino en el estado de salud general. Se comprueban trastornos relacionados con la alteración del sueño incluso a esos niveles, además de alteraciones del pulso y de la tensión. En estudios presentados por la Organización Mundial de la Salud se ha mostrado que niños educados en ambientes ruidosos tienen un aprendizaje más lento y menos eficiente.

Cuidado con los oídos

Por supuesto, los daños del propio sistema auditivo son los primeros que se estudiaron, en relación tanto con los picos de ruido como con el nivel habitual del mismo. La incidencia de trastornos auditivos, la prevalencia de los mismos, se ha incrementado en los últimos años. Los ruidos fuertes son capaces de afectar a las células del oído interno (el llamado órgano de Corti) y afectar también al nervio acústico. Esta pérdida sensorineural puede ser momentánea o llegar a convertirse en permanente, y ocurrir en uno o ambos oídos.

Se ha comprobado que la exposición prolongada a ruidos cambia la propia estructura del órgano de Corti, y afectando a la audición: esta sordera se produce en etapas y afecta más a algunas frecuencias sonoras que a otras, dependiendo de las zonas de este órgano que convierte la presión acústica en sensaciones que quedan dañadas. A menudo, estos problemas se ven acompañados de zumbidos o pitidos en el oído o en la cabeza, y de otras patologías que pueden llegar a ser incapacitantes.


 

Vocento