Rebelión vecinal por los ruidos y los malos olores
Una comunidad de Guanarteme denuncia el «trastorno» de un 'super'
J.M.
Las
Palmas de Gran Canaria
La batalla contra el ruido no ha hecho más que empezar en la capital grancanaria. Una comunidad de más de 90 vecinos ha decidido emprender acciones contra la autoridad competente y contra la firma alimenticia Mercadona por presunto incumplimiento de la Ley del Ruido y de la normativa concerniente a salubridad e higiene.
Dos comunidades de las calles Palafox y Velarde no aguantan más. Soportan más decibelios de la cuenta y malos olores a todas horas, incluso, en el periodo nocturno de descanso, ya que el camión de la basura pasa en torno a las dos de la madrugada.
Algunos residentes relataron a este periódico que la paciencia «tiene un límite y que la situación del pasado miércoles sobrepasa lo permitido».
Hace tres días, el Ayuntamiento decidió cambiar dos contenedores, trasladándolos a la fachada del supermercado, con los que son cuatro los depósitos de basura más un quinto especializado en reciclaje de cartón.
Los vecinos se quejan de ruidos «continuos hasta muy tarde», provocados por las pitas de los coches y, sobre todo, las operaciones de carga y descarga del centro comercial, que «debe realizarse en la calle Velarde y no en República Dominicana», según los permisos emitidos por el grupo de gobierno municipal cuando autorizó su implantación.
«Que la carga se efectúe en República Dominicana tiene más impacto para los vecinos. Ésta era una zona muy tranquila, pero las cosas han cambiado. No estamos contra la empresa alimenticia, ni mucho menos, pero sí pedimos un cumplimiento estricto de la legislación, de forma que todos convivamos en armonía. Tenemos derecho a descansar en nuestra casa», expresan con tono de fatiga y hastío en declaraciones a este periódico.
Las comunidades ya denunciaron estos hechos y, según fuentes vecinales, está próximo el posible acuerdo entre partes. Sin embargo, el cambio de otros dos contenedores ha encendido la luz de alarma. «No sé qué pasará, pero los plazos se eternizan sin que se haga nada».
El ruido se ha convertido en un triste aliado del confort y del bienestar. Las reiteraciones en la capital grancanaria son tan constantes que pocos son los residentes que no escapan a la espiral acústica que flota sobre Las Palmas.
Los ejemplos son tan variados como habituales: los conciertos en el Parque de Santa Catalina disfrutan de una potencialidad sonora perceptible a varias manzanas y, lo que es peor, hasta bien entrada la noche, como las 01.00 horas en estas semanas veraniegas. Los camiones de basura se emplean a fondo, pero el problema no reside en las tareas en sí de estos estimables profesionales, sino en la máquina utilizada: vehículos de una escandalosa robustez capaces de despertar a todo el vecindario.
Con este escenario de ruidos, amplificado por el intenso parque móvil, los bares de copas y el crecimiento desmesurado de la población, Las Palmas capital se convierte en un lugar inhóspito tanto para los residentes como para los turistas.
Valencia, próxima al mar, moderna, ejemplar y hospitalaria donde las haya (gobernada por el PP, también), ha sido de las primeras en disponer de medidores de ruidos en semáforos y puntos calientes de la ciudad. Consigue, así, fortalecer una campaña cooperación ciudadana, pero para iniciar esa larga andadura, el Ayuntamiento debe predicar con la misma penitencia, como es el caso de las obras licitadas por el Consistorio, donde los obreros incumplen la normativa ambiental del ruido desde el inicio hasta el final. Algo habitual.
Algo habitual
2 José Mujica