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Acostumbrados al ruido Cuando se oye al vecino aunque no grite, algo habitual
en pisos viejos y también en nuevos
L.
S. - 13/03/2006 BARCELONA
La primera
noche me levanté porque creí que me había dejado un grifo abierto y
resultó que el ruido era de un desagüe de un vecino". Francisco no
es el único al que le ha ocurrido ésto y, como tantos, acepta que
vivir en Barcelona suele comportar molestias de ruido, aunque antes,
en casa de sus padres, en el núcleo antiguo del Bon Pastor, no se
enteraba si los vecinos de arriba tenían invitados. "Uno aprende a
convivir con todo", se resigna
La estación ferroviaria de
Sant Andreu Comtal está ahí, a unas decenas de metros de los
edificios de viviendas de La Maquinista construidos hace tres años.
Francisco compró en el 2002 sobre plano el piso que iba a compartir
con su compañera, pero no lo ocuparon hasta el pasado verano. "Una
cosa es asumir que vas a tener ruido de trenes - explica-, y otra es
que oigas las conversaciones de los vecinos". ¿Gritan mucho? "No -
responde-. Son conversaciones normales, pero se oyen, igual que la
música, aunque no esté muy alta. Sin gritos, oigo las charlas de la
vecina con su hijo". La cosa se multiplica cuando tienes vecinos
arriba, abajo, a la derecha y a la izquierda. "A veces, oyes un
televisor y no sabes cuál es. O temes que si traes amigos a casa un
vecino puede escuchar lo que dices - confiesa-, con lo que supone de
falta de intimidad, o que vas a molestar sin querer".
En una
de las escaleras de estos bloques los vecinos se quejaron, ya en el
2002, recién estrenadas las viviendas, de la falta de aislamiento
acústico. Se movieron, expusieron sus quejas a la constructora, y
ésta se avino a hacer medidas sonométricas. Se comprobó que, por
poco, el ruido ambiente estaba dentro de los límites que se
consideran soportables y que no se deberían sobrepasar. Es posible
que a medida que los controles y exigencias legales crezcan, lo que
hoy está dentro de la legalidad no será autorizado en nuevas
construcciones dentro de unos años. Mientras, hay que adaptarse a lo
que hay, y conocer el horario de los vecinos por las horas en que
suben y bajan persianas. "Algunos - explica Francisco- han puesto
placas aislantes en los dormitorios".
Fuera,
afortunadamente, no hay mucho tráfico. En cambio, está la estación,
que evidentemente ya estaba, con su inevitable ruido de trenes,
cuando se construyeron los pisos. La situación ha cambiado desde
hace unos meses: con las obras en otro extremo de la ciudad, en
Sants, muchos trenes que antes dormían en la estación central lo
hacen ahora en Sant Andreu. Y ahí se realizan tareas de limpieza y
movimiento de locomotoras, lo que provoca bastante ruido nocturno.
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