Después de unas Navidades en las que
parece que todo el mundo mundial ha tenido que comprar un
reproductor digital de música, la cuesta de enero llega con
renovadas advertencias médicas sobre los daños auditivos que estas
populares maquinitas del universo MP3 están causando a los jóvenes.
Especialistas médicos de EE UU empiezan a hablar ya de la «sordera
del iPod» para describir un inquietante aumento de jóvenes con
problemas de audición propios de la tercera edad.
Las
preocupaciones expresadas por instituciones como la Academia
Americana de Audiología se centran sobre todo en el diseño de los
típicos auriculares utilizados con estos reproductores portátiles.
Estos cascos miniaturizados de color blanco, conocidos en el argot
juvenil como 'earbuds' (brotes de oreja), no bloquean otros sonidos.
Limitación que tiende a ser compensada con una subida de volumen
hasta niveles dañinos.
Otro comentado riesgo es que estos
'earbuds' se sitúan dentro del canal auditivo, lo cual permite
caminar o correr, pero multiplica el potencial de efectos dañinos.
Aunque no faltan pediatras que han detectado estos problemas, los
propios médicos reconocen la dificultad de hacer entender a sus
pacientes adolescentes la necesidad de cuidar sus sistemas
auditivos. Empeño de educación sanitaria que choca con síntomas
graduales y la dificultad de establecer una relación inmediata y
evidente entre causa y efecto. Como consejo preventivo se recomienda
que el uso del iPod se limite a una hora diaria y sin pasar del 60%
del volumen máximo.
Estos consejos chocan con el reducido
tamaño y las baterías de larga duración, que alientan su uso. Se
estima que el umbral para no perder audición son 8 horas de
exposición diaria a sonidos no superiores a los 85 decibelios. Un
iPod a máximo volumen puede alcanzar los 115 decibelios, lo que le
sitúa entre el ruido que produce una moto-sierra y un martillo
hidráulico. Para Dean Garstecki, profesor de la Universidad
Northwestern, «ese nivel de sonido es equivalente al que uno se
encuentra en conciertos de rock». Es decir, «suficiente para causar
pérdidas auditivas en cuestión de 75 minutos». En su opinión,
«desgraciadamente, los auriculares para reproductores digitales
tienen mayor propensión a causar problemas que los modelos usados
con el walkman».