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Nuevas recomendaciones de la OMS sobre contaminación
acústica nocturna
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«Uno de
cada cinco europeos está expuesto regularmente a niveles de sonido
nocturnos que pueden dañar la audición y producir ECV»
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09/10/2009
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Aser García
Rada
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La Oficina
Regional de la OMS para Europa ha editado una nueva Guía sobre el ruido
nocturno para Europa, publicación en la que han
colaborado treinta y cinco expertos en disciplinas médicas y
acústicas y diversas organizaciones –caso de la Comisión Europea– y
que proporciona evidencias sobre cómo la contaminación acústica
nocturna afecta a la salud de las personas. Por ello, también ofrece
recomendaciones para evitar sus efectos nocivos.
Según la
OMS, el nuevo límite planteado para evitar efectos nocivos sobre la
salud es una exposición media nocturna anual que no debe exceder de
los 40 decibelios (dB), el nivel de ruido equiparable al de una calle
tranquila de una zona residencial. Y es que no sólo las exposiciones
mantenidas superiores pueden causar insomnio, sino que la exposición
a largo plazo a niveles superiores a los 55 dB, el nivel de ruido
propio de una calle concurrida, puede desencadenar hipertensión
arterial y otras patologías cardiovasculares como infartos de
miocardio. Según la OMS, uno de cada cinco europeos está expuesto
habitualmente a estos niveles de ruido.
En palabras
del Dr. Srdan Matic, jefe del Departamento de enfermedades no
transmisibles y medio ambiente de la Oficina Regional, “las nuevas
directivas ayudarán a que los países reconozcan y aborden los
problemas relacionados con el ruido y la salud. Basadas en una
evaluación de la evidencia científica desarrollada por expertos
durante seis años, los gobiernos tienen ahora mayores justificaciones
para regular la exposición al ruido nocturno, así como una guía clara
sobre cuáles deben ser los límites adecuados”.
No en vano,
las investigaciones más recientes muestran una clara vinculación
entre el ruido nocturno y diversos problemas para la salud, no
únicamente el mero daño auditivo. Así, el ruido puede agravar
diversas patologías, especialmente a través de su efecto
distorsionador del sueño. Mientras las personas dormimos, nuestros
oídos y nuestro cerebro continúan reaccionado a los sonidos. Las
alteraciones en el sueño como el insomnio son los primeros efectos
del ruido nocturno, y éstas pueden derivar en enfermedades
psiquiátricas. Por otro lado, el ruido puede desencadenar enfermedad
cardiovascular prematura, la primera causa de muerte en los países
desarrollados. Así, por ejemplo, el ruido nocturno de un avión puede
incrementar la presión arterial.
Los niños, los más vulnerables
Los niños,
al dormir más horas que los adultos, están más expuestos al ruido
nocturno. También los ancianos y los enfermos crónicos son más
vulnerables a este tipo de problemas e, igualmente, los trabajadores
por turnos se ven afectados en mayor medida debido a que su
estructura de sueño ya está distorsionada habitualmente por su
actividad laboral. Del mismo modo, las personas que no se pueden
permitir vivir en zonas residenciales tranquilas o cuyas viviendas no
están suficientemente aisladas pueden sufrir por este tipo de
problemas.
Según la
OMS, las nuevas directrices complementan la reciente directiva sobre
el ruido ambiental de la Unión Europea que requiere a los países el
establecimiento de un mapa de las áreas más ruidosas, pero que se
queda corta a la hora de establecer los límites. Así, algunas de las
intervenciones sugeridas por la nueva guía incluyen el desvío del
tráfico de zonas con hospitales o colegios y la implantación de
barreras acústicas. Del mismo modo, la OMS considera que las áreas
más ruidosas podrían ser adecuadas para el establecimiento de
oficinas, lugares en los que la gente no se encuentra por las noches.
A nivel individual, medidas sencillas como colocar la cama en el lado
más tranquilo de la vivienda o mejorar el aislamiento acústico de las
ventanas puede contribuir a reducir el impacto acústico
nocturno.
Como afirma
el Dr. Rokho Kim, director del proyecto, “del mismo modo que la
polución y los químicos tóxicos, el ruido ambiental daña la salud,
pero aunque casi todo el mundo está expuesto a demasiado ruido, su
importancia se ha minimizado al tratarlo como un inevitable factor de
la vida urbana y no ha sido evaluado ni controlado tanto como otros
riesgos. Esperamos que estas nuevas directivas contribuyan al
desarrollo de una mayor conciencia sobre el ruido y estimulen a
gobiernos y autoridades locales a invertir esfuerzos y recursos
económicos para abordar este problema creciente, especialmente en las
ciudades”.
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